21/06/2020 Conjunta: La Granja: Las Calderas del rio Cambrones; Gonzalo Fernandez Lamana


Enlace a vídeo de Francisco Vaquero









¡Gracias!... A Hedvig por su espíritu y por enseñarnos nombres de flores, a Rosa por su “fit” y por su buen hacer en la recuperación del grupo, a Silvia por su alegría contagiosa, por curar a los magullados y por acercar el coche a los tullidos, a José Eugenio por su siempre interesante conversación y por tener bastones que flotan, a Sonsoles por su disposición a echar una mano a los que lo necesitaron, a Conchita por su alegría, sus indicaciones de veterana y…por posar para la foto, a Teresa por sobreponerse al calor y a la dureza del camino y porque va a volver a salir con nosotros, a Paco por ser nuestro guía, a Pilar por llegar con el pie a la virulèe sin una queja, y muy especiales gracias a Alfredo y a Alicia, que no dudaron en darse la vuelta para ir a buscar a los despistados.
Gracias también a Rafa, por estar al otro lado del teléfono pendiente de nosotros y aportando tranquilidad.
Hoy la crónica la firmamos todos: Alfredo, Alicia, Conchita, Gonzalo, Hedvig, José Eugenio, Rosa, Silvia, Sonsoles, Teresa, Paco y Pilar.
Un abrazo

13/06/2019 Conjunta : La Hiruela. Molinos, Colmenar y Carbonera; Conchita Carvajal

Enlace a vídeo de Francisco Vaquero

https://youtu.be/xFWOQafyC7Y



A las 7,15 salían de Mirasierra: Mar,Paco,Gloria, Silvia, Emilio, Olga e Irina ( Que se portó como una campeona ) . A las 8,30 Alejandro (guia ) Isabel,
Gonzalo ( qué subidón al verte ) Marisa, Francisco y yo, nos encontramos con ellos en la entrada de La Hiruela. Nos contamos 13, perfecto, después de una explicación del guía del recorrido. Salimos, él en cabeza y en la cola Emilio, siempre pendiente de todos, como dicen en los pueblos, lo que se viene llamando un Sr.
La ruta ESPECTACULAR ( Véase espléndido vídeo de Francisco,  muchísimas gracias ) Salimos del precioso pueblo con casas de piedras por el sendero que nos llevaba al río Jarama. Que cantidad de líquenes!!! qué lujo respirar después de una temporadita que no quiero ni nombrar, nuestras caras eran la pura imagen de la felicidad. Pasamos por los restos del molino de Juan Bravo y las colmenas. Dos veces por esas puertas para humanos que te metes, abres otra puerta, pasas cierras y vuelves a abrir. Después de las famosas carboneras, donde nos hicimos la foto de grupo, sin bandera, por el mismo motivo que sigo sin querer nombrar, seguimos camino parándonos asombrados de ver los enormes robles de 800 años. La gente ya iba preguntando
¿Y el bocata donde ? Va a ser mejor cuando lleguemos arriba que hay una "cuestecita" Cuànta razon tenias Alex, porque si nos lo tomábamos antes....
En la cumbre, con unas vistas, que para qué os quiero contar, llamamos a mi super Antonio para felicitarle
La ruta era circular por lo que volvimos por un sendero lleno de helechos alucinantes, todo cuesta abajo, aunque el último tramo, era una cuesta abajo para arriba. Cosas de la naturaleza ¿Verdad Olga ?. Nos reímos por la tontería que es muy sano y sienta bien
En fin amigos, que esto de que ha habido un antes y un despues MENTIRA. Nosotros somos los de siempre, los que amamos y necesitamos tanto la naturaleza, que volver a nuestras casas después de disfrutar tantísimo es un placer tan grande que pocas cosas son tan gratificantes.
12 km recorridos, horas andando a ojo 5 y aplausos a Alex
Muchísimos besos virtuales, pero los apunto porque el dia que os los pueda dar de verdad, van a ser de esos de AMA que te dejan la cara marcada para la eternidad

CONCHITA
P.D Por recomendación de Gonzalo, lo tenemos que repetir con los colores del otoño  
Un abrazo






Videos 2019. Ricardo Garcia Ramos

Videos 2019

Vídeos de las salidas de 2019 siguientes:
  • ·         13-01-2019 La Albardilla
  • ·         24-03-2019 Bailanderos
  • ·         12-07-2019 Campos de Lavanda (Brihuega)
  • ·         30-11-2019 Las Hoces del Rio Riaza



Gracias Ricardo.


24/3/2020; Conjunta; Viaje virtual al valle del Lozoya; Pablo Olavide


Nunca mi imaginación ha volado tanto por el Guadarrama como en estos días. Nunca he añorado tanto esos bosque y esos ríos; transitar por sus caminos y senderos. Desde el balcón de mi casa, vislumbro la sinuosa silueta de la sierra y voy nombrando cada una de sus cresta, cada uno de sus collados: Peñalara, La Bola del Mundo, La Maliciosa, Morcuera, La Pedriza… Si me asomo un poco más, casi jugándome el físico (vivo en un sexto piso), atisbo el Pico de La Miel. Y no puedo evitar sumergirme mentalmente en ese territorio para recorrerlo desde el refugio que hoy me brinda mi hogar; un virus letal me obliga a evocarlo desde la distancia.
Hoy quiero imaginar que me voy al valle del Lozoya, a ese paraíso cercano donde mi abuelo Julián empezó a enseñarme las primeras aves que aprendí: la cigüeña, el milano, la perdiz, la omnipresente urraca… Y para llegar a ese lugar, imagino que lo haría por Miraflores y allí me tomaría ese primer café para recordarme que el día comienza y todo está por escribir (incluso esta crónica). Imagino sus calles desiertas, aún dormidas, tan solo alteradas por la algarabía de los gorriones estrenando una nueva primavera. Tras el café, me dirigiría a Rascafría por el puerto de La Morcuera y al coronarlo acariciaría la ladera de La Najarra, emblemática cumbre a la que subimos cada Fin de Año. Desde aquí, la carretera atraviesa uno de los mejores robledales de nuestra sierra madrileña antes de llegar a Rascafria. Supongo que los árboles ya estarán echando las hojas nuevas, aterciopeladas y blanquecinas, y en esa espesura buscará refugio el azor.
Llegaría a Rascafria por dehesas salpicadas de fresnos trasmochos, así llamados por la drástica poda que reciben los árboles para, con su ramaje, alimentar al ganado. Y allí, en el pueblo, tendría la tentación de tomarme un segundo café en algún bar de la plaza donde antaño se encontraba un viejo olmo que cayó víctima de la grafiosis, fatal enfermedad que se llevó por delante buena parte de los olmos de nuestro país, y del resto de Europa. 
Me iría de Rascafria sin ese segundo café en el cuerpo, sería lo sensato, y en pocos minutos alcanzaría el monasterio del Paular para aparcar allí el coche. Botas, bastones y prismáticos para comenzar a caminar. Atravesaría el puente del Perdón y me detendría unos minutos para observar el Lozoya, o Angostura, como lo llaman a este río en su primer tramo. Nada tan evocador como el sonido del agua contra las piedras; nada tan hipnótico como el fluir de la corriente y perseguir con la mirada la hoja del chopo que se aleja. Con mis prismáticos, escrutaría las orillas con la esperanza de sorprender algún mirlo acuático o, tal vez, el destello azulado de un martín pescador sobre la rama de un sauce. Pero supongo que solo localizaría a alguna lavandera saltando de piedra en piedra. El nombre de este pajarillo de tonos grisáceos se debe, al parecer, a los rítmicos balanceos de su cola que recordaban a los enérgicos movimientos que antaño hacían las mujeres cuando lavaban en el río. Tal vez, se deba también su nombre a la tendencia de esta ave a frecuentar charcas, arroyos y aguazales.
Desde el puente del Perdón, el camino me lleva a las Presillas (lugar de recreo con chiringuito y piscinas naturales incluido) por terrenos donde pacen las vacas avileñas, negras y montaraces. Y en este escenario escucharía el enérgico piar de los pinzones y el rítmico canto de los carboneros que recuerda al rodar de una bicicleta mal engrasada. Quizás, me sorprendería el áspero graznido del arrendajo, córvido forestal de vivos colores. Lo llaman “el jardinero del bosque”, debido a su costumbre de esconder infinidad de bellotas para luego, en tiempos de penurias, dar buena cuenta de ellas. Pero, como es lógico, muchas son olvidadas por este singular pájaro y, de esas bellotas perdidas, nacen nuevos árboles. Estrategias que tiene el bosque para regenerarse. 
Pasado el bosque caducifolio de robles melojos, me internaría en el pinar de pinos silvestres, albares o de Valsaín, que de las tres formas son nombrados estos árboles. Y escucharía el tamborileo incesante del picapinos. Inútil localizarlo en la espesura.
Tras un recodo del camino, ahí donde el bosque clarea, divisaría la silueta del monasterio de Paular y, nunca como hoy, me sentiría tan próximo a aquellos monjes cartujos que habitaron este hermoso lugar para orar, meditar y cantar gregoriano, ese canto acompasado, salmónico, inmutable y eterno como las piedras del río Angostura que hoy sigo con mi imaginación.
Este conjunto monacal sufrió los efectos de la desamortización de Mendizábal; los cartujos se fueron y el conjunto fue pasto del saqueo y el abandono hasta caer en la ruina. Y fue a mediados del siglo XX cuando se empezó a recuperar el recinto religioso y fueron los monjes benedictinos quienes sustituyeron a los cartujos. Hoy, el monasterio del Paular vuelve a lucir su aspecto maravilloso y, entre sus tapias, resuenan los versos de aquel monje del Paular:
“Todavía hay un valle
y una tarde serena.
Y lejos, una campana
que suena en la serena
tarde, todavía”
Lo bueno de un viaje imaginario es que uno puede regresar a casa cuando le plazca, sin soportar atascos. Y yo lo hago.
Desde el balcón de mi casa ya no se ve la sierra, las sombras de la noche la cubren, y me limito a aplaudir a todos aquellos que hoy dan lo mejor de sí y velan por nosotros. “¡Muchas gracias!”, digo. Y cuando cesan los aplausos, vuelvo a mi clausura mientras pienso en esas soledades, hoy más que nunca, de nuestra sierra del Guadarrama.
El Cuaderno del Navegante 24 de marzo de 2020
Un abrazo.

08/03/2020 Montañeros: La Pedriza: Desde Los Chorros del Manzanares al Collado de los Pastores y vuelta por la cuerda de Los Porrones. Antonio de la Fuente


Hola Montañeros
Hemos salido de Canto Cochino puntuales como siempre remontando el río Manzanares hasta llegar casi a la Charca Verde dónde hemos tomado el camino que se dirige al puente del francés
Tomando la escalinata que nos lleva hasta el puente del retén que está completamente reformado llegando seguidamente a la cascada de los Chorros
Un leve descanso y continuamos camino hacia el Collado de los Pastores dónde hemos tenido que abrigarnos ante una bajada de temperatura muy brusca acompañada de un viento un tanto molesto que ha parado a medida que iniciábamos la bajada hacia la Cuerda de los Porrones
En la última parte del camino de bajada hemos tenido que improvisar debido a una tala de árboles que nos ha tapado completamente el camino
Hemos tenido que improvisar una navegación por otros senderos alternativos que nos han llevado a coger otra vez el camino prácticamente al final del recorrido llegando al final a Canto Cochino dando por terminada la jornada
Un abrazo Montañeros