Crónicas del domingo,  9/10/2016

SENDERISTAS: EL COLLADO DE LA DEHESILLA


Hoy volvemos a recorrer los peñascales y espesuras de La Pedriza de Manzanares. En esta ocasión, subiremos hasta el collado de La Dehesilla.

A las 8:45 reina el caos en Canto Cochino. Numerosos excursionistas tratan de dejar su coche aquí pero hoy, a esa hora, es una misión imposible y los más rezagados tenemos que aparcar en el estacionamiento que se encuentra un poco más abajo. Una vez superado esta confusión y  desorden, nos reunimos en Canto Cochino y nos numeramos. Hoy somos veinte, nada más y nada menos: Gloria Fernández, Alex Extramiana  y su hija Alba que con cinco años rebosa entusiasmo, Susana Martin, Mar Palazuelo, Elena Madurga, Elena Sandoval, José Eugenio Soriano, María Lamo, Sonsoles y Pepe Herrero, Belén Sierra, Elena Ezquiaga, Paz Vizcaíno con Rocky y Kaos, Alejandro Gutiérrez e Isabel —con los que he compartido buenas excursiones tras los pájaros—, José Vicente, Pilar Caridad, Rocío Eguiraun  y este cronista.

Guiados por Alejandro, que mantiene con buen criterio la ruta programada ante otras sugerencias, nos ponemos en marcha sobre las 9:15. Cruzamos el Manzanares, que espera ansioso las lluvias de este otoño que se resiste en llegar y tomamos la senda de “La Autopista”. A buen ritmo, entre pinos albares y remontando el arroyo de La Majadilla, llegamos hasta el desvío que lleva al refugio de Giner de los Ríos. Cruzamos el regato por una pasarela de madera y nos plantamos en el Prado Peluca. En este paraje, un par de burros nos dan la bienvenida y hacen las delicias de Alba que, abrazando uno de ellos  le dice: “Te echaba de menos”.

Desde aquí tenemos una panorámica estupenda de La Pedriza y Alejandro va señalando cada risco poniéndoles nombre: El Pájaro, El Hueso, El Elefante, Collado Cabrón…El Cancho de los Muertos. Nombres sugerentes donde la imaginación debe volar para descubrir cada figura.

El refugio Giner ya queda a tiro de piedra y aquí se quedan Alex, Alba y Gloria, además de Paz y sus perros Kaos y el pobre Rocky que acusa el esfuerzo de haber subido hasta este paraje. El resto seguimos la ruta y ascendemos por una senda paralela al arroyo de la Dehesilla entre jaras, brezos y enebros. Sorteamos enormes pedruscos que se interponen en nuestro camino y, finalmente, llegamos hasta el “padre” de todos ellos: El Tolmo. Admiramos esta enorme piedra, granítica y redonda, donde algún desaprensivo ha escrito su nombre para dejar constancia del poco respeto que tiene a este paisaje espectacular.

Desde aquí ya solo nos queda el último repecho y en menos que canta un gallo llegamos al collado de La Dehesilla. Es el momento de descansar, tomar algo y disfrutar de las vistas. También de observar a los buitres que desde arriba rastrean el territorio en busca de algo que les alegre el día. Y sin demorarnos más de la cuenta, descendemos por la misma trocha hasta llegar de nuevo  al refugio Giner. Volvemos a tomar “La Autopista” hasta un punto donde cruzamos el arroyo Majadilla y llegamos a la pradera donde está plantada la encina en honor a Jesús Extramiana, alma mater de este club de montaña Mirasierra. Allí, en torno a este incipiente árbol, nos unimos todo el grupo para rendir homenaje a Jesús que, estoy convencido, nos sigue acompañando en cada una de nuestras excursiones.

La mañana va tocando a su fin y  ya solo quedan dos pasos para llegar a Canto Cochino, los suficientes para despistarme y que el grupo me tenga que esperar. ¡Lo siento, amigos!
Cuando llegamos al aparcamiento, la algarabía continua con excursionistas que vienen y van, gente disfrutando del sol y del paisaje en el pequeño bar, coches que se marchan veloces…Es el momento de tomar una merecida cerveza —los que tengan tiempo— y saborear este buen momento que hemos pasado juntos; Una estupenda marcha de 8 Kilómetros con algo más de 400 metros de desnivel por este escenario tan bello y agreste.

¡¡Buena semana y hasta la próxima!!

Pablo Olavide


MONTAÑEROS: CRÓNICA SUBIDA AL YELMO

Todavía sin luz del día, comenzamos a encontrar a los compañeros en el club, fieles a la cita y dispuestos a vivir una mañana de aventuras y disfrutar de los últimos días cálidos que aún nos brinda la sierra.

Ya comienza el día a proyectar las primeras sombras y damos los primeros abrazos a los compañeros que bien por lesión o por largas vacaciones, hace varios meses que no vemos. Son las 8:25 y comenzamos la aventura de hoy.
Ascenso vertiginoso desde El Tolmo, zona de trepadas a cuatro manos y la mano solidaria del compañero que se vuelve para cogerte los bastones, de esfuerzos compartidos y de buena forma física que demuestran, los que a primera hora comentaban estar desentrenados. No hemos encontrado a ninguno en esa situación. Grupo compacto, capitaneado a ratos por nuestro sabio de las montañas, Antonio y otros ratos por Chelo, que nos lleva a todos en volandas, marcando el ritmo del ascenso.

Son las 11 y llegamos a la base del esquivo Yelmo, que nunca se deja coronar fácilmente- Allí nos muestra su grieta por la que ascender en fila de a uno, porque la montaña impone su ritmo.
Espectacular ascenso apoyando las manos, los codos, las rodillas, la espalda, y que las rocas te devuelven llenos de arañazos, El Yelmo se toma su tributo en sangre.

Descenso hasta el deprimente espectáculo de la Lagunilla del Yelmo totalmente seca y que marca un hito histórico inmortalizado por todas las cámaras, pues esperamos que no vuelva a producirse. No está el árbol de Monika, quizás arrancado por los propios forestales, aunque el mejor recuerdo de ella sigue estando en nuestro corazón.

Caballos, escaladores, muchos senderistas en nuestro camino y a las 13:15 entramos en La Majada de La Pedriza a degustar de un buen cubo de cervezas artesanas de la sierra madrileña, para engañar a la sed, que todavía se disfruta con placer en este verano tardío que nos ha brindado hoy la sierra.

Fin de la aventura a las 13:45. Atrás quedan 9 kilómetros, 14.000 pasos, 1.100 m de desnivel acumulados, muchas sonrisas, un sol maravilloso y los increíbles paisajes de rocas en equilibrio imposible de La Pedriza. Nos vamos con la ilusión de volver pronto.

Os ofrecemos esta crónica a los que no habéis podido venir, pero nos habeis recordado en algún momento, a los que todavía convalecientes nos apoyáis desde la distancia, a nuestros compañeros los senderistas, que cuando miran hacia arriba, parecen creer vernos, a los que nos esperan en casa, con la ilusión de que les contemos la aventura del domingo y a todos los que con su abrazo, nos dan fuerzas para seguir ascendiendo en la montaña y fuera de ella.
Un fuerte abrazo a todos de Chelo, Jorge, Juan Carlos, Antonio, Jose Antonio y el cronista, que escribe lo que quisiera que pudieráis sentir todos vosotros. Os esperamos la próxima semana. Buena semana a todos.

Alejandro Gutierrez
Dia 2/10/2016

CRÓNICA DE MONTAÑISMO

Desde Cotos a Cabezas de Hierro. 

Un poco antes de las ocho y media nos reunimos en el aparcamiento de Cotos José Antonio Rodríguez, Alfredo Carlavilla y yo (los de fuera) y a continuación llegaron los de Miraflores en un coche por la ausencia de Pablo Puerta, es decir, Mar Barrionuevo, Chelo de Dios, Sandra Tojeiro y Antonio de la Fuente conducidos por Emilio Rodríguez. Eso es aprovechar un coche, no como nosotros, cada uno en el suyo. La sincronización fue grande entre el primero y el último solo entraron dos coches ajenos, podemos dar un golpe.
Iniciamos el camino en el propio aparcamiento por una senda paralela a la desviación de Valdesquí.
Bajamos hasta un pequeño aparcamiento en la carretera donde la cruzamos a la altura del refugio del Pingarrón, seguimos bajando hasta el arroyo de las Guarramillas que cruzamos sin problemas.
El camino se convirtió en una senda dentro de un pinar frondoso y húmedo, cruzamos un par de arroyos más. Me gusta el pinar húmedo, normalmente en España es seco, la sensación de la pinocha caída frente a la hojarasca otoñal del bosque caducifolio es de sequedad y la sensación de pisar las acículas muy distinta a la de la hoja, pero la presencia del agua invertía lo habitual.
Las crónicas tienen como misión recordar las excursiones, las anécdotas, incidencias y servir de guía si se vuelve a organizar la misma ruta. Este aspecto en esta crónica está muy simplificado, porque a partir de este punto es muy fácil explicar lo que hicimos, contemplar Cabeza de Hierro Grande encima de las nuestras y dirigirnos a ella en línea recta. El pinar de la parte inferior del valle se había aclarado, había una torrentera que podría servir perfectamente de cortafuegos y por ella, sin dudar, nos dirigimos a la cumbre, no hubo vacilaciones, desvíos, curvas. Ascendimos entre las piedras sin excesiva dificultad. En algún punto paramos un momento a guardar los bastones y beber agua. Fue natural ayudarnos con las manos, no por difícil, sino por la pendiente que las dejaba a la altura del suelo.
Nos subimos alrededor de la columna geodésica y nos hicimos la fotos habituales. La subida había sido grande y a los que suben por las vistas, les recomiendo Cabeza de Hierro. A nuestra espalda Peñalara, luego el valle de Lozoya con el embalse de la Pinilla, el embalse de Santillana, el del Vellón ¿?, el de Navacerrada y el de Valmayor, faltaba el Atazar para dominar todos los recursos hídricos de la provincia, a la derecha la Maliciosa, Guarramillas con los “cohetes” de la Bola del Mundo y la caída hacia Segovia y la Granja. Se puede subir hasta aquí desde el puerto de Navacerrada, técnicamente más fácil y seguir la cuerda larga. Por este camino iniciamos la vuelta.
En todo el tramo de la cuerda, coincidimos con una carrera de montaña. Algunos de ellos asombrosos por fuerza. Todos muy educados, nos agradecían que nos apartásemos e incluso una mientras comíamos una nos deseó que aprovechásemos nuestras viandas, pero con dos tuvimos problemas.
Desde la Mayor nos dirigimos a la Menor, muy pocos metros menos, pero es la menor, allí protegidos del viento sur acampamos para comer algo, a sotavento como decían. Seguimos hacia el collado de Valdemartín y un poco más allá de la mitad de la subida de Valdemartín giramos a la derecha, bajando muy poco llegamos a la cabecera de la pista de Valdesquí. La descendimos entera, aunque hubo partidarios de desviarnos en una camino señalizado que cruzaba, llegamos hasta su pie haciendo bordadas porque la pendiente, limpia, era excesiva para afrontarla en línea recta. La protección de las rodillas era una preocupación común, aumentada cuando Sandrá nos dijo que el colágeno no sirve para nada en los cartílagos porque no están vascularizados. Mar preguntó por qué su médico se lo había recomendado. Yo recordé que cuando me lo recomendó un traumatólogo pensé en la poca fe con la que me lo decía.
Desde el pie de pista hasta el aparcamiento donde cruzamos la carretera de Valdesquí, luego en vez de volver por el camino desde Pingarrón seguimos por la carretera, con una ligera pendiente hasta el aparcamiento de Cotos. Mar se fue muy triste porque no hubo cerveza. Fue el único pero a un día en que nuevamente habíamos tenido todo. Doce kilómetros, mil metros de desnivel y unas cinco horas (paradas incluidas).

Un abrazo.

Reynaldo Vázquez

CRÓNICA DE SENDERISMO 

Rascafría-Carro del Diablo- El Paular- Rascafría:


Son las nueve menos cuarto. Paulatinamente vamos llegando todos al punto de encuentro en el pueblo de Rascafría. Dando honor a su nombre, la tª es de unos 5º, y apetece abrigarse nada más salir del coche. El cielo está de un azul maravilloso, que augura un día espléndido para caminar. El pueblo sigue dormido a esas horas; sólo algún coche que pasa de vez en cuando, y una bandada de cornejas, que atraviesan volando el parking, llamando la atención con sus graznidos característicos.
A la hora convenida, los 17 esforzados senderístas nos ponemos en marcha: Gloria, Irena, Elena, Ana, Esperanza, Joaquín, Jose Vicente, Alfonso,Javier, Viky, Gonzalo, Alicia, Pilar, Patricia, Juan Carlos, Isabel y el cronista.
Tenemos como guía y líder a Juan Carlos, que en todo momento nos va a llevar por la senda correcta, al ritmo adecuado, con seguridad, y dándonos información muy interesante a lo largo de la ruta. En nombre de todos,¡muchas gracias Juan Carlos por tu bien hacer!.
La ruta comienza en el propio parking municipal, tomando la calle empinada que pasa por el Centro Cultural y el helipuerto sanitario. Inmediatamente empezamos a ver el camino balizado como R.V. 4.
El panorama es una maravilla: vamos ascendiendo por el Valle de Lozoya  (para mi el más bonito de toda la Sierra de Guadarrama). Según subimos, a la derecha los montes Carpetanos, al frente el imponente Peñalara, con su cresta aérea de Claveles, a la izquierda toda la Cuerda Larga en su extensión, y en el Valle, el Monasterio del Paular como salido de un cuento. En el cielo, un grupo de unos 10 buitres leonados que atraviesan el Valle a gran altura. Y en la tierra, plantas aromáticas por doquier (Orégano, Cantueso, Tomillo...), que nos regalan sus aromas a nuestro paso.
Continuamos el camino por un robledal de roble melojo. Se agradece la sombra. La subida nos hace sudar a cada uno lo suyo. Ya hace un buen rato que nos hemos despojado de las ropas de abrigo.
Antes de lo que imaginábamos, llegamos al Carro del Diablo, donde descansamos, y damos buena cuenta de las viandas para reponer fuerzas.
El Carro del Diablo es una curiosa formación rocosa, que según la imaginación de cada uno, puede ver un carro portando una piedra encima, una tortuga con una bola enorme encima del caparazón, o simplemente... unas piedras de granito muy gordas.
Gonzalo nos cuenta la leyenda de un cantero de la Catedral de Segovia, que para cumplir con los plazos previstos de suministros de piedra para la obra, pacta con el diablo. Como siempre ocurre en estos casos, cuando ya ha terminado en tiempo,  el cantero quiere romper el pacto. El diablo para vengarse, petrifica el carro con la última piedra de la Catedral, que nunca llega. Habrá que ir a Segovia para ver qué piedra le falta.
Después del descanso merecido seguimos ascendiendo, hasta llegar a la Puerta del Reventón, señalado con un mojón muy evidente. En este punto dejamos la senda balizada que nos conduciría hasta el Puerto del Reventón, y tomamos un camino forestal a la izquierda que desciende hasta el Monasterio del Paular. La bajada es sencilla, pero se nos hizo larga. Sobre todo porque Rafa nos había puesto en la reseña de la caminata que serían unos 12 km, cuando en realidad son 15.5 km. Es el típico truco de montañero para pillarte desprevenido.
Llegada al pueblo, todos satisfechos y contentos por la marcha tan estupenda que nos ha propuesto Rafa, y guiado con maestría por Juan Carlos. Los que pudimos nos tomamos una cerveza bien fría en "La Flaca", brindando con Patricia y Juan Carlos,  por la excelente noticia que compartieron con nosotros de que van a ser abuelos. ¡Enhorabuena!.

P.D.: Adjunto unas cuantas fotos que ilustran la caminata. Gracias a Gonzalo por la foto de la mantis religiosa.

25/9/2016

El COLLADO CABRÓN POR LA CHARCA VERDE Y EL PUENTE DE LOS POYOS.

Casi sin darnos cuenta, el verano se ha ido. Atrás han quedado las tardes eternas amenizadas por el  canto monótono de las chicharras. Las golondrinas y vencejos ya se han marchado a sus cuarteles africanos para pasar el invierno y la tierra reseca espera las lluvias otoñales; ese agua benefactora que devuelve a los campos colores y aromas agazapados en nuestra memoria.
Y tras el verano hemos vuelto a reanudar las excursiones del club Mirasierra. Volvemos a transitar por los rincones de nuestra sierra madrileña. A recorrer las sendas, trochas y veredas del Guadarrama.

Hoy nos adentramos en La Pedriza, en ese escenario rocoso donde el Manzanares da sus primeros pasos. A la hora convenida, las 8:45, nos juntamos en Canto Cochino, Cristina, Gloria Fernández, Gonzalo Lamana, Elena Madurga, Francisco Vaquero, Carmen y Alfonso, Roció Eguiraun,  Ana —nueva en estas lides—, José Vicente, y este cronista.
Guiados por Gonzalo iniciamos la marcha. Dibujado en su mapa, una línea azulada recorta cotas de nivel y describe sinuosas curvas formando una figura caprichosa. ¡Esa es la ruta a seguir!

Remontamos el Manzanares por su orilla izquierda arropados por la densa arboleda de pinos silvestres y en pocos minutos alcanzamos La Charca Verde. El río, mermado en su caudal a estas alturas del año, se resbala entre piedras y crea pequeñas pozas donde antaño la gente se daba un remojón. Hoy esta práctica está prohibida con el fin de preservar el entorno. Desde aquí bordeamos las tapias de un antiguo vivero forestal y tratamos de localizar la senda que nos conducirá al collado del Cabrón. Tras unos instantes de dudas, un amable excursionista, Ángel, nos indica el camino a seguir. Ascendemos por la ladera, uno detrás de otro, formando una enorme “serpiente” multicolor. Paso tras paso, sin desfallecer, alcanzamos el famoso collado, lugar esplendido para descansar y tomar una galleta, como nos sugiere nuestro nuevo amigo Ángel.
Desconozco el motivo por el cual a este paraje se  le ha puesto tan contundente nombre; no sé si será por el esfuerzo en llegar hasta aquí o por las numerosas cabras montaraces que triscan por estas peñas. Sea como fuere, el lugar invita al reposo y la contemplación. Los buitres leonados, de envergadura colosal, sobrevuelan el entorno dando un toque de dramatismo salvaje al descanso.
Tras el receso y sin más dilaciones, afrontamos el siguiente repecho. Caminamos ligeros, a buen ritmo, acosados por innumerables moscas que, tal vez, presientan el final de su efímera vida. Desde un oteadero, Ángel nos señala rincones y peñas de nombres singulares: La Tortuga, La Cueva de la Mora, El Pájaro…Los va nombrando con la autoridad de quien ha recorrido estos parajes en infinidad de ocasiones, como quien conoce las calles de su barrio. Contemplamos este paisaje caótico y hermoso. Un mundo de siluetas caprichosas cinceladas por la mano invisible del viento, el agua y el tiempo. Rocas graníticas en un inverosímil equilibrio.

La ruta continúa hasta llegar a Los Llanos. Aquí un nutrido grupo decide ir hasta el puente de Los Poyos. Otros, entre los que se incluye este cronista, optamos por continuar el camino sin tomar este desvío para no demorar la llegada a Canto Cochino. Así que no puedo detallar mucho del mencionado puente pero, a juzgar por las fotos que nos enseñaron los que sí se acercaron hasta allí, el lugar bien merece una visita.

El descenso al punto de partida lo hacemos por la senda de “La autopista”, un bonito camino sumergido en la espesura y a la vera del arroyo de La Ventana. El camino se hace largo y la esperanza de tomar una buena cerveza al finalizar la marcha nos motiva a bajar con paso ligero. Cuando finalmente llegamos, rondando las dos de la tarde, esa espumosa bebida de cebada se hace realidad y nos reanima. Sentados en la terraza del pequeño bar contemplamos estas espectaculares peñas de La Pedriza mientras esperamos la llegada de nuestros compañeros de excursión. Un escenario  que sobrecoge y cautiva a todos los que amamos la montaña. Gonzalo, como buen guía, me facilita cuando llega el tiempo y distancia recorrido: algo más de diez kilómetros en apenas cinco horas. Una excursión de senderismo  con clara vocación montañera.

Un lujo haber compartido esta bonita marcha con vosotros. ¡Nos vemos!

Pablo Olavide.

Día: 18/9/2016

 Crónica senderistas:
 Pesquerías de Carlos III


A las 8:00 h de la mañana nos juntamos en el club 19 senderistas: Melanie Natanio, Luis Egido, Irena Jaroszinska, Beatriz Gonzalez, María Cacicedo, Elena Madurga, María Franco, Gloria Fernandez, Rocío Eguiraun, Esperanza Alonso, Joaquín Sánchez Izquierdo, Margarita Ruiz, Inma, Alfonso Simon, Mari Carmen Vazquez, Irma, José Gutiérrez, Alba Extramiana y Alberto Extramiana.
A las 9:00 h llegamos al Parking de los asientos y se unen a nosotros Gonzalo Fernández y Francisco Vaquero.
Al nutrido grupo de senderistas hay que añadir a Zeus, un perro excelente que hizo las delicias de mi hija Alba durante todo el recorrido.
A pesar de que estamos aún en periodo estival, esta mañana hemos tenido que abrigarnos para comenzar a andar, ya que nos ha recibido una mañana fresca, rondando los 10 grados de temperatura.
Partimos del área recreativa de Los Asientos y comenzamos la ruta de las pesquerías, que transcurre en todo momento siguiendo el caprichoso curso del río Eresma, trazando al mismo tiempo meandros y tramos rectos con algunos mínimos saltos de agua.
En el camino nos encontramos con lugares interesantes, como el puente de los canales, de estilizada figura y recientemente restaurado, cuyo fin era el de transportar el agua que tomaba del arroyo de Peñalara para abastecer al palacio de Valsaín.
Tras cruzar la carretera cerca de Valsaín, seguimos caminando manteniendo el río a nuestra derecha, recorriendo la fabulosa calzada que mandó construir el monarca Carlos III para disfrutar de su aficion a la pesca. La calzada se encuentra en buen estado en muchos tramos y nos sorprende observar en una peña plana en el suelo una inscripción en la que aparece grabada sobre la roca una corona y el año de 1768, fecha en la que fué construido el paseo.
Tras 6 kilometros de recorrido, siempre observando el río de cerca y bajo la sombra de los árboles que siguen su curso, con un intenso aroma a Jara en algunos tramos, llegamos a la cola del embalse del Pontón Alto.
Allí buscamos un lugar para tomar un ligero almuerzo, observando el embalse y a lo lejos las montañas presididas por la cara norte de Peñalara.
Tras coger fuerzas remontamos el curso del río siguiendo de nuevo la senda real y disfrutando del sonido del agua, de la belleza que proporciona la mezcla entre el agua, la piedra y la vegetación, cobijados a la sombra de un sol que a esas alturas ya comienza a calentar.
Charla que te charla, disfrutando del paisaje, de la compañia y de la agradable temperatura, llegamos de nuevo al área de los asientos.
Allí, todos los senderistas reunidos esperan a la última en llegar, la pequeña Alba, que con sólo 5 años de edad ha caminado los 12 kilómetros del recorrido siguiendo el ritmo del grupo y sin parar de hablar en ningún momento..., sorprendiendonos a todos, especialmente a su padre y cronista, que pensaba que iba a tener que llevarla a caballito buena parte del recorrido.
Para celebrar el bautismo de Alba en el club de senderismo y el esfuerzo realizado, todos le cantamos "campeoooona, campeoooona, ..." al recibirla, algo que le ha hecho mucha ilusión.
Sin duda, su abuelo habría estado muy orgulloso de su nieta en el día de hoy, así que le mandamos un guiño desde aqui, con la promesa de que repetiremos la experiencia.
Tras reunirnos en el parking, nos desplazamos a Casa Hilaria, en Valsaín, donde disfrutamos de unas cervezas y comentamos juntos la jornada, despidiendonos hasta la próxima salida.
P.D. Volviendo a casa en el coche y observando a Alba, profundamente dormida en el asiento de atrás, pienso que soy un afortunado por poder disfrutar de salidas como esta, en tan buena compañía y disfrutando de una sierra y unos paisajes que tantos buenos momentos nos ha brindado y nos sigue brindando cada día.

Una gran mañana.

Alberto Extramiana


Crónica de montañismo: 
Integral de Peñalara.

Hoy domingo 18 de septiembre, inauguramos la temporada de nuestras excursiones montañeras, con una marcha durilla para los desentrenados. Damos la bienvenida a Chelo, buena montañera, que viene por primera vez con nosotros. Nos encontramos los nueve montañeros en Cotos, Pablo, Antonio, Elías, Emilio, José Antonio, Reynaldo, Alfredo, Chelo y yo, e iniciamos la subida con un poquito de frío al principio a 7 grados en el puerto de Cotos y bien abrigados subimos las primeras pendientes fuertes. Al cabo de un buen rato nos vamos quitando capas de abrigo al entrar en calor.

Hace un día soleado y bonito con una subida sin parar hasta la Laguna de los Pájaros, algunas lagunillas de arriba estaban secas. Esta clásica marcha de nuestra sierra, nos ofrece unas vistas espectaculares hacia todos los lados, La Cuerda Larga, el Valle de Lozoya, Navafría y el puerto del Nevero, Segovia, La Granja y Valsaín. Subimos por toda la cresta de Claveles medio trepando hasta cerca de la cima y hacemos una paradita para comer y descansar al sol, por fin jeje, estos montañeros no paran casi nunca …

Finalmente llegamos a la cima de Peñalara y como ya era más avanzado el día, encontramos a mucha gente de todas las edades subiendo al Peñalara. Hacemos las fotos de todo el equipo en la cumbre y vuelta para abajo deprisa. Todos contentos, lo hemos pasado muy bien, un día muy bonito, al final llegamos con calor abajo a Cotos y sin cerveza …. pues todos con mucha prisa nos volvemos a casa. Deseando veros a todos en la próxima.

Viky Cadahia





Crónica de montañismo del día 26/06/2016, por Reinaldo Vázquez 

El Pájaro.

Cuando se hace una crónica de una excursión se pretende dejar en los anales del club la gesta realizada.
Se puede hacer con autoridad o con oficio, en algún caso con humor. Esto último lo he intentado con éxito según los siempre benévolos lectores que están dispuestos a aplaudir generosamente cualquier aportación.
¿Que es la autoridad? ¿Qué el oficio? Indudablenteen la narración de los hechos se necesitan ambos, pero en algunos relatores predomina la primera característica, escriben con la fluidez de ideas que les da su dominio, y en otros el segundo, a base de técnica literaria y documentación. Hay quien con soltura, sin necesidad de comprobar nada, relata la marcha y otros que carecemos del conocimiento asimilado de la montaña madrileña recurrimos a tomar notas mentales durante toda la excursión, luego nos documentamos en planos, leemos las historias de los enfrentamientos bélicos o amorosos que se han dado entre esas peñas, estudiamos la fauna, los accidentes geográficos, los topónimos y justificamos su génesis, pretendemos con nuestro interés suplir ese desconocimiento natural y con oficio salvar la encomienda.
Hoy no seguiré a ninguna de las dos escuelas. No voy a relatar los hechos cronológicamente ordenados. Pretendo hablar de las emociones, en una marcha que se anunciaba con dificultad física 5 y técnica 5+. Realmente no fue ni una cosa ni otra.

La amistad y el pensar en los demás fuera del entorno.
Las relaciones unidimensionales suelen morir, pueden ser magníficas dentro del plano, pero si no se abordan nuevos enfoques, desaparecido el nexo se diluyen, si es que no mueren automáticamente. No es necesariamente malo que haya este tipo de relaciones, puede que no nos guste mezclar en la vida facetas. En senderismo leo que hay más vidilla, por ejemplo las marchosas bailonas, las comidas de los jueves... El ser multidisciplinar refuerza los vínculos.. Cuando llegamos María Moriana y yo a Canto Cochino allí estaba Emilio Rodríguez esperándonos con una neverita portail. En el día de puertas abiertas de Daikin había pensado en todos y cada uno de nosotros, sus compañeros del domingo, y había traído esas neveras.

El pensar en el camino.
Si crees que alguien necesita tu ayuda estás dispuesto a brindarla. Si la pendiente es excesiva, se espera. Algunas veces he oído comentarios dentro del club de la competividad y fiereza despiadada del grupo, creedme, es lo contrario. Hemos tenido que empujar o tirar para subir ciertas rocas con la satisfacción de hacerlo. La prudencia es otra nota presente, ¡cuántas veces nos hemos dado la vuelta!

La aventura.
El domingo tuvo un recorrido especialmente divertido, cuando alcanzamos altura tuvimos que reptar por dos tubos. En el primero creía que el cuerpo de Mamen impedía que me llegase la luz porque rellenaba el conducto, la dejé irse unos metros y la obscuridad no se aclaró. A pesar de tener esa estrechez con una altura de menos de un metro el recorrido lo hicimos sin dificultad al ser en pendiente ascendente. El segundo tenía una sala alta y espaciosa donde nos hicimos una foto, de ella salían tres galerías, las de los extremos con salida. Salida que la vista no garantizaba, Toño nos comentó que se había vuelto una vez porque creyó que estaban cegadas, no conociéndolas desde luego era no recomendable introducirse solo en ellas por el temor a quedar encajado. Eligió Antonio la de la izquierda, pasó Mamen delante, luego yo. Disfruté subiendo con la espalda en una pared y los pies en la otra, quedé de espaldas en la repisa sin posibilidad de darme la vuelta por lo estrecho, a base de arquearme y de los tirones de Mamen avance. Luego pasaron las mochilas que quedaron entre ella y yo impidéndome avanzar. Mamen demostró su delgadez pasando por el pequeño hueco que había entre las dos paredes, salió a la superficie y volvió a un orificio en el techo por donde extrajimos las mochilas. Liberado el obstáculo los demás pudimos avanzar y salir por donde lo habían hecho las mochilas.
Antonio, al que esto le debió parecer poco, cuando parábamos buscaba rocas que ascendía con alegría.

La belleza
No me refiero a los ojos de Mamen ni a la cara de niña de María cuando se puso su gorra africana.
Las piedras, con sus formas. Las vistas desde arriba y desde abajo. Las paredes de rocas. El buitre quieto en lo alto de un cancho descomunal. El morado de las flores. Después de llevar tiempo entre el granito y salir de la última galería, un pequeño paso sobre el vacío en el que Antonio, el primero en pasar, advertía a cada uno que llegaba del peligro, nos encontramos con árboles y un alarde de flores morado fotografiado por todos. Las piedras apoyadas unas en otras dejando un paso horizontal por el que nos introdujimos, con más fotos de todos ascendiendo o asomados a esa ventana natural. Las piscinas que se forman en el granito y que son la causa de las fracturas de las rocas y de las formas caprichosas.

La admiración
Sin ningún deseo de emulación por mi parte, pero con admiración hacia Salvador Rivas y Pérez de Tudela, cuando vimos alguna de las paredes que habían subido y estrenado. También vimos una pared que Cesar nos había colocado en Asturias dos días antes.

La superación
Cuando empezamos vimos la Muela gigantesca en lo alto, imponente, parecía que no había nada por encima, inaccesible. Al cabo de un tiempo la veíamos diminuta por debajo nuestro. La bajada fue fácil, nada parecido en esfuerzo y dificultad a la subida.

La satisfacción.
Al acabar habíamos cumplido el propósito que nos había llevado allí. Ejercicio, belleza y amistad.
Gracias Emilio, Antonio, Mamen, Toño y María, volví satisfecho, No por la vanagloria de haber hecho algo destacado, estúpida presunción, sino por el placer de un paseo inocuo con vosotros. Un abrazo.

Día 26/06/2016

Crónica de senderismo

LAS PESQUERÍAS REALES

Al coronar el puerto de Navacerrada, camino de Valsaín, vienen a mi cabeza las palabras de Cesar Pérez de Tudela que tuvimos el privilegio de escuchar el pasado viernes: “Subir montañas no es un deporte, es la vida misma. Asumimos riesgos en cada ascensión, sufrimos en cada paso y disfrutamos intensamente de los buenos momentos”.
Su filosofía bien  puede aplicarse a quienes, sin coronar grandes cumbres, recorremos los senderos, caminos y veredas de nuestras sierras. Desde luego que esto requiere siempre un esfuerzo, dejar algo de nosotros mismos en cada paso, pero la recompensa de recorrer estos parajes es inmensa.

Hoy nos adentramos en las espesuras de Valsaín para recorrer las Pesquerías Reales: un camino que se trazó a la vera del río Eresma para que Carlos III disfrutara de estos parajes sin tener que ir brincando de piedra en piedra.

A las nueve de la mañana, en el área recreativa de Los Asientos, hace fresco y las últimas nieblas se aferran a las cumbres de La Mujer Muerta antes de disiparse y dar paso a un cielo azul. Hoy somos tres: Pilar Caridad, Gonzalo Lamana y este cronista. Somos un equipo pequeño pero tenemos el honor de cerrar esta etapa de excursiones antes de la tregua estival.

Guiados por Gonzalo, persona cabal y buen conocedor de estos andurriales, nos internamos en la espesura del pinar y acompañamos al Eresma en sus primeros pasos hacia el Duero, al que se unirá en la reseca meseta castellana lejos ya de estas cresterías del Guadarrama.
Caminamos a buen ritmo, en animada charla, escuchando la bonita melodía del rumor del agua y los cantos de mirlos, ruiseñores, petirrojos, mosquiteros y pinzones. La luz cenital se filtra entre las ramas de pinos infinitos arrancando al bosque mil matices de verdes. Pronto la arboleda se clarea y los pinos silvestres dan paso a robles melojos de proporciones imponentes, mudos testigos de otras épocas, tal vez de Carlos III, cuando estos cubrían buena parte del paisaje que hoy contemplamos. Llegamos hasta un pequeño acueducto que, sin ser romano —supongo—, se asemeja en sus formas a su hermano mayor de Segovia. En este punto se abre una inmensa pradera donde decenas de caballos pastan acariciados por un sol que ya empieza a apretar. Pasamos junto a ellos, apartándolos con recelo de nuestro camino, mientras los potros se mueven inquietos y corren en busca del cobijo de sus madres. Las ruinas del viejo palacio de Valsaín presiden esta inmensa alfombra verde y sobre sus muros unas grajillas se pelean por conseguir la mejor oquedad para colocar sus nidos. Un incendio, en 1682, acabó para siempre con este imponente edificio de los Habsburgo y años más tarde, ya con los Borbones, se erigió el cercano palacio de La Granja, inspirado en Versalles, para que la realeza siguiera solazándose por estos parajes.

El pueblo de Valsaín lo pasamos deprisa y corriendo, tratando de volver a encontrarnos con el río que nos lleva, ese Eresma alegre y juguetón que invita, en un día como hoy,  al baño. Pero somos gente seria y responsable y continuamos la ruta entre jaras y genistas en flor. Entre robles, fresnos, sauces y alisos. Inmensos bloques de granito, trabajados por hábiles canteros, conforman este tramo del camino y nos preguntamos con asombro el tremendo esfuerzo que debió suponer acarrear hasta aquí  semejantes piedras. Unos números tallada sobre una de ellas, dan fe del año que se llevó a cabo dicha obra: 1768.

Y así, imbuidos en la filosofía de Cesar Pérez de Tudela de ir paso a paso hasta alcanzar nuestra meta, llegamos a la cola del embalse del Pontón Alto. Es el momento de disfrutar de este entorno: contemplar la quietud de las aguas;  sentir el tacto  de las hojas de terciopelo de los robles; observar el vuelo silencioso de las aves… y a unos perros chapotear felices junto a la orilla.

Pero todo llega a su fin y debemos regresar,  remontar ese Eresma que nos ha traído hasta aquí. Volver a recorrer esta Senda Real y transitar bajo la ruina inquietante del palacio de Valsaín. Sentir de nuevo la mirada nerviosa de los equinos y el zumbido de las moscas.  Un arrendajo  —un córvido forestal de vivos colores— sale a nuestro encuentro en el último tramo y juega con nosotros al escondite de rama en rama. Pero  Los Asientos ya se intuyen y yo tengo la tristeza de tener que abandonar estas espesuras y esta grata  compañía. Es la vida, como diría nuestro querido Cesar Pérez de Tudela, y todo termina… Y todo vuelve a empezar.

Muchas gracias a Pilar y Gonzalo por compartir esta bonita excursión y a todos vosotros por haber disfrutado conmigo de estos buenos momentos en  esta sierra infinita.

¡¡¡Feliz verano, amigos!!!

Pablo Olavide.


Día 19/06/2016

Crónica del Rio Azud – Revenga, por Andrés Rodríguez 

Bueno, me tocó a pesar de mirar al suelo y poner cara de paisaje, los planetas se confabularon para que yo fuese, por primera vez, el cronista de esta marcha conjunta. No hubo manera de convencer a nadie de que yo era "medio pensionista".

El total de personal era 17, tras alguna baja, es decir Gloria Fernandez, Paz Vizcaino, Mamen Jurschick, José Vicente Almela, Rocío EguiraunIrka CacicedoIrena Jaroszinska, María Franco, Margarita Ruiz,Toñy, Joane, Elena Madurga, Beatriz González, Juan Carlos Aguilon, Gonzalo Fernández Lamana, Pilar Caridad, dos mascotas (Rocky y Zeus) que no protestaron tampoco, es más se lo pasaron de fábula porque ellos si que probaron el agua con baños sucesivos a pesar de alguna protesta de algunos pescadores que ofrecian sus carnadas a las truchas, y yo mismo.

La cita era en el aparcamiento, a pie de carretera y cerca de una zona de restaurantes, del pueblo de Revenga (Segovia). Y alli estuvimos fieles a la cita. Como pillos, esquivamos el pago del peaje y nos fuimos por el puerto de Los leones, mejor gastar ese dinero en cervezas, jajajaja.

Y salimos. El lider, Juan Carlos, que conocia la zona perfectamente. ¡¡ Vamos que no se por qué estoy haciendo yo la crónica y tener que acudir al wikipedia para ver los tres picos que forman La Mujer Muerta !!: La Pinareja (el pico más alto, 2197 metros) es la que forma la cara de la susodicha. La peña del Oso, sobre la que la difunta tiene sus manos (le teneis que dar un poco de rienda suelta a la imaginación) y por último el Pico de Pasapán que serian la piernas. Todo esto in situ sabe mejor y Juan Carlos explicandolo en un entorno idilico-pastoril transmitia amor por la zona. La explicación se dio en el muro que forma la presa con un embalse, que a pesar de ser de Puente Alta, se le conoce más popularmente como de Revenga. La paz mañanera era un espectáculo y el espejo que nos brindaba el agua digno de inmortalizar, cosa que, velozmente, hicieron los mil y un reporteros que llevábamos.

La sendita que nos hacia rodear el embalse era graciosa, salpicada de puestos de pescadores que habian madrugado más que nosotros. ¡¡ Y yo que pensaba que ibamos a tener que espantar a los jabalies !!. Plantas de tomillo, cantueso, florecillas multicolores nos acompañaron todo el tiempo. Un espectáculo. Y los olores que nos regalaban....ufff.

Nuestro fin era, ademas de rodear el embalse, llegar un poco más lejos del rio Azud. Aqui hicimos otra paradita para que el conocedor de la zona nos contase como los romanos derviaron el curso del rio para transportar el agua a Segovia. Lo hicieron con 26 ciclópeas piedras unidas con grapas de plomo, un poquito más grandes que las que usamos para unir dos hojas de papel. El agua la pasaban a un Decantador con exclusas de entrada y  salida en forma de laberinto para limpiarla de ramas, hojas y cualquier tropezón que llevase ese agua que se movia alegre y cristalina.

Dejamos atrás la historia y seguimos por nuestra veredita atravesando un bosque de pinos. Eramoshormiguillas a su lado. Hasta la llegada a un pequeño claro, donde sacamos la viandas y nos dimos un relax. Pero antes Juan Carlos nos ilustró nuevamente con el tono mas oscuro del suelo de algunas zonas del recorrido, debido a que por alli se hacia, hace algunos años, carbón vegetal y nos rememoró a la pelicula Tasio. Un carbonero del norte. Nos habló también de una edificación derruida donde los esquiladores de ovejas hacian su labor muy proximo a la Cañada Real que pasaba por esos parajes.

Seguimos nuestra sendita flanqueada de tomillo y cantueso pero ya por la otra cara del embalse, porque decidimos volver, casi por la misma senda, porque el tiempo se nos echó encima y teniamosque llegar a la hora marcada a nuestra comida. De la comida no quiero hablar, jajajaja. Solo que para el precio acordado era muy razonable. Ya sabeis mis manias.

Vimos algún pescador con suerte y trofeo, otros con algo de mal caracter, que afloró cuando los perros estaban disfrutado de lo lindo bañandose en el embalse. Yo hubiera hecho igual. Y en ese momento, Paz sacó los dientes en un momento de tensión y todo quedó ahi.

Lindo dia y una temperatura fabulosa. Los estiramientos de rigor al terminar la marcha, dirigidos, como no, por Juan Carlos y a comer.

De la vuelta no os puedo contar mucho porque me quedé pegado al cristal como las moscas.

Besos a ellas y abrazos a ellos.

Andrés