Día 19/06/2016

Crónica del Rio Azud – Revenga, por Andrés Rodríguez 

Bueno, me tocó a pesar de mirar al suelo y poner cara de paisaje, los planetas se confabularon para que yo fuese, por primera vez, el cronista de esta marcha conjunta. No hubo manera de convencer a nadie de que yo era "medio pensionista".

El total de personal era 17, tras alguna baja, es decir Gloria Fernandez, Paz Vizcaino, Mamen Jurschick, José Vicente Almela, Rocío EguiraunIrka CacicedoIrena Jaroszinska, María Franco, Margarita Ruiz,Toñy, Joane, Elena Madurga, Beatriz González, Juan Carlos Aguilon, Gonzalo Fernández Lamana, Pilar Caridad, dos mascotas (Rocky y Zeus) que no protestaron tampoco, es más se lo pasaron de fábula porque ellos si que probaron el agua con baños sucesivos a pesar de alguna protesta de algunos pescadores que ofrecian sus carnadas a las truchas, y yo mismo.

La cita era en el aparcamiento, a pie de carretera y cerca de una zona de restaurantes, del pueblo de Revenga (Segovia). Y alli estuvimos fieles a la cita. Como pillos, esquivamos el pago del peaje y nos fuimos por el puerto de Los leones, mejor gastar ese dinero en cervezas, jajajaja.

Y salimos. El lider, Juan Carlos, que conocia la zona perfectamente. ¡¡ Vamos que no se por qué estoy haciendo yo la crónica y tener que acudir al wikipedia para ver los tres picos que forman La Mujer Muerta !!: La Pinareja (el pico más alto, 2197 metros) es la que forma la cara de la susodicha. La peña del Oso, sobre la que la difunta tiene sus manos (le teneis que dar un poco de rienda suelta a la imaginación) y por último el Pico de Pasapán que serian la piernas. Todo esto in situ sabe mejor y Juan Carlos explicandolo en un entorno idilico-pastoril transmitia amor por la zona. La explicación se dio en el muro que forma la presa con un embalse, que a pesar de ser de Puente Alta, se le conoce más popularmente como de Revenga. La paz mañanera era un espectáculo y el espejo que nos brindaba el agua digno de inmortalizar, cosa que, velozmente, hicieron los mil y un reporteros que llevábamos.

La sendita que nos hacia rodear el embalse era graciosa, salpicada de puestos de pescadores que habian madrugado más que nosotros. ¡¡ Y yo que pensaba que ibamos a tener que espantar a los jabalies !!. Plantas de tomillo, cantueso, florecillas multicolores nos acompañaron todo el tiempo. Un espectáculo. Y los olores que nos regalaban....ufff.

Nuestro fin era, ademas de rodear el embalse, llegar un poco más lejos del rio Azud. Aqui hicimos otra paradita para que el conocedor de la zona nos contase como los romanos derviaron el curso del rio para transportar el agua a Segovia. Lo hicieron con 26 ciclópeas piedras unidas con grapas de plomo, un poquito más grandes que las que usamos para unir dos hojas de papel. El agua la pasaban a un Decantador con exclusas de entrada y  salida en forma de laberinto para limpiarla de ramas, hojas y cualquier tropezón que llevase ese agua que se movia alegre y cristalina.

Dejamos atrás la historia y seguimos por nuestra veredita atravesando un bosque de pinos. Eramoshormiguillas a su lado. Hasta la llegada a un pequeño claro, donde sacamos la viandas y nos dimos un relax. Pero antes Juan Carlos nos ilustró nuevamente con el tono mas oscuro del suelo de algunas zonas del recorrido, debido a que por alli se hacia, hace algunos años, carbón vegetal y nos rememoró a la pelicula Tasio. Un carbonero del norte. Nos habló también de una edificación derruida donde los esquiladores de ovejas hacian su labor muy proximo a la Cañada Real que pasaba por esos parajes.

Seguimos nuestra sendita flanqueada de tomillo y cantueso pero ya por la otra cara del embalse, porque decidimos volver, casi por la misma senda, porque el tiempo se nos echó encima y teniamosque llegar a la hora marcada a nuestra comida. De la comida no quiero hablar, jajajaja. Solo que para el precio acordado era muy razonable. Ya sabeis mis manias.

Vimos algún pescador con suerte y trofeo, otros con algo de mal caracter, que afloró cuando los perros estaban disfrutado de lo lindo bañandose en el embalse. Yo hubiera hecho igual. Y en ese momento, Paz sacó los dientes en un momento de tensión y todo quedó ahi.

Lindo dia y una temperatura fabulosa. Los estiramientos de rigor al terminar la marcha, dirigidos, como no, por Juan Carlos y a comer.

De la vuelta no os puedo contar mucho porque me quedé pegado al cristal como las moscas.

Besos a ellas y abrazos a ellos.

Andrés


           12 de Junio 2016
Crónica de Montañismo  “Siete Picos”: Jesus Matamala.
Muy puntuales, a la 7:30, acudimos los montañeros previstos  para la cita a las puertas del club Mirasierra: Antonio de la Fuente, Mariane Delgado, Toño y quien redacta la crónica JesúMatamala; en el Puerto de Navacerrada nos esperaban Reinaldo, Jorge Dukelsky, Alfredo Carlavilla y José A. Rodriguez, 8 en total para realizar una de las marchas más clásicas de la Sierra de Guadarrama.
Pocos coches en parking a esa hora, con una temperatura muy agradable, algo fresca, nuestros primeros pasos nos llevan a alcanzar la última torreta  del telesilla de la pista de esquí del Telégrafo que dejamos a nuestra derecha, subida muy empinada pero breveTomamos el cordal y seguimos hasta el alto del Telégrafo (1.978), un poco más adelante, ya en la pradera del collado que precede a los Siete Picos hacemos una pequeña parada para sacar prendas de abrigo ya que soplan vientos bastante recios por las cumbres. Pronto aparece ante nosotros el primer reto; la subida al primer Pico, el más elevado, (2.138m) que los libros dicen que es el Séptimo Pico, también conocido con el nombre de Somontano, en cuya ascensión hay que hacer uso de las manos para superar algunos de sus rocosos escalones. De este Pico al 6º,5º,4º,3º y 2º las variaciones de altura son escasas y van disminuyendo. Siendo el 1º, también llamado Majalasna y algo retirado del resto, al que no llegamos, el menos elevado (1.934m). Todos ellos exigieron nuestro esfuerzo ya que fuimos coronándolos uno a uno. En uno de ellos hay una curiosa composición rocosa con un enorme vano al que se le conoce como la Ventana del diablo. Quedó constancia de ello en las fotos que allí se tomaron
Los Siete Picos, visto a distancia parece una montaña de suaves contornos y dulces pendientes, pero la ascensión a cada una de las crestas es muy dura por su estructura dentada, tajaduras y abismos peligrosos. Las vistas desde sus cumbres son espectaculares, divisándose nítidamente las cuatro torres de la Castellana al sur, por el lado norte Segovia, La Granja y otros núcleos urbanos. Peñalara con escasos neveros visibles al este, al fondo en la misma dirección la Sierra de Ayllón; y en el lado opuesto, al oeste, se divisaban las cumbres de Gredos con mucha más nieve. La vegetación muy abundante, flores de vivos colores que salen de las mismas rocas, pinos que crecen retorcidos en el cordal desafiando a los gélidos vientos invernales, helechos, piornos, enebro rastrero, etc
Después de la ascensión a seis de los picos, tras una breve parada para reponer fuerzas, descendimos por la cara norte hacia la pradera de Collado Ventoso  para tomar la senda Schmid que nos llevaría a la pista del Escaparate, camino del punto de partida; la Venta Arias. Si en las cumbres no habíamos cruzado con varios montañeros que madrugaron tanto o más que nosotros, ahora en el camino Schmid la afluencia humana iba a ser considerable como corresponde a una mañana de domingo del mes de junio con una pequeña amenaza: las bicicletas.
Algo más de cuatro horas habían transcurrido cuando llegamos a la carretera, muy concurrida en esos momentos, puesto que  descendían desde La Bola algunos de los corredores de una maratón de montaña que se estaba celebrando. Pasaban algunos minutos de las 13:00 horas. Se dejaron aplazadas las cañas para otra ocasión. Buena semana a todos.

Crónica de Senderismo: “La hoya de San Blas”: Jose Vicente Almela
Solo 4 senderistas nos decidimos a realizar la marcha por la Hoya de San Blas: Gloria Fernández, Elena Ezquiaga, Juan Carlos Aguilón y este cronista, José Vicente Almela.

Por una vez éramos tantos varones como mujeres, cosa rara quizá debido a que estamos en tiempo electoral y las listas tienen que ser paritarias.

Después de quedar en la gasolinera de Miraflores, seguimos unos 3 km en coche hasta el restaurante Jacaranda donde inciamos la marcha.

En principio se trataba de un recorrido facilito de 11 km y 200 m de subida, pero Juan Carlos se encargó de hacerlo un poquito más emocionante, y los 11 km se convirtieron en 16 y medio y la subida en 440 m. Total un nivel 2 que resistimos estupendamente y del que nos recuperamos gracias a Juan Carlos que es el maestro de los estiramientos.

Hicimos un recorrido precioso con un itinerario circular que da la vuelta a toda la hoya. Pasamos junto a una residencia del Opus Dei, de la que nos inrigó el nombre B.A. pero después de arduas investigaciones he llegado a la conclusión de que quiere decir Beato Álvaro.

Empezamos por una pista forestal dejando a nuestra izquierda el pequeño embalse de Palancares que recoge las aguas del arroyo del Mediano, para más adelante deja la pista y adentrarnos en el bosque siguiendo el curso del citado arroyo, hasta llegar a otra pista más arriba desde donde se accede al collado de la Ventana en la Pedriza. No nos atrevimos a tanto y empezamos a bajar después de descansar junto a una caudalosa fuente.

Casi al final pasamos junto a la pequeña ermita de San Blas que da nombre a la zona.

El camino, aparte de maravillosos fresnos, pinos y robles, estaba plagado de retama y cantueso, que con sus espléndidos colores amarillos y morados, adornaban el paisaje.
También nos enseñó Juan Carlos a distinguir la mejorana y el gordolobo, plantas ambas medicinales. Seguro que ninguno de vosotros sabe como es el gordolobo, pero no os lo voy a decir. ¡Haber venido!

Al final después de 5 horas, incluidos descansos, cañitas en el Cazador de Soto del Real que como recordaréis se distingue por la simpatía de sus camareros y por las deliciosas patatas fritas al ajillo.

¡Ah y en todo el tiempo no hablamos para nada de elecciones ni de Podemos!

Feliz semana
José Vicente



Domingo 5/6/2016

Crónica de montañismo: 

La Pedriza: El Laberinto.

Puntuales, como siempre hemos comenzado la marcha prevista.
Pablo, Toño, Maria, Vicky, Emilio, Jesus y yo, en total 7 montañeros.
Mucho entusiasmo, sabíamos a lo que íbamos, a disfrutar de un gran día, mejor compañía y la ilusión de saber que nos esperaba la mejor excursión que tenemos en nuestro extenso programa de actividades, subida y recorrido por el Laberinto de la Pedriza.
Hemos salido justo a las 8:30 y hemos llevado en la subida un ritmo endiablado, la idea  nos impulsaba,  llegar al Tolmo ha sido  apenas media hora.
Hemos continuado camino desviándonos hacia las buitreras en pronunciada canal hasta llegar a Cancho Amarillo, puerta del Laberinto que consiste en un gran dolmen granítico natural.
Seguimos por el espectacular Jardín del Centinela, muy verde y frondoso gracias a las ultimas lluvias y que esta custodiado por una gran y escultural mole de piedra llamada El Canónigo.
Allí hemos comenzado nuestra aventura, el recorrido transcurre por cuevas, pasadizos, grietas y desniveles que hacen que los sentidos se agudicen, no se puede cometer el menor error de calculo, cualquier fallo puede acarrear un accidente irreparable. Pero todo esta medido, con la debida atención y ayuda de todos con todos hemos cubierto el recorrido con algún rasguño ya que las dificultades a salvar son muy numerosas y conservar la atención se hace difícil según van avanzando las horas.
La bajada ha sido por una canal que transcurre entre dos buitreras, muy alpina, llena de obstáculos graníticos y desniveles gigantescos muy propios de escalada libre donde Los Montañeros hemos dado prueba de nuestras habilidades, hay que destacar que hemos hecho mucho recorrido apoyándonos en las cuatro extremidades  en algún caso reptando y en otros agachados haciendo paso de pato, el termino de la aventura ha estado marcado por dos desniveles de unos diez metros marcados por sendos agujeros entre rocas que son de diámetro tan justo que a pesar de estar delgaditos apenas podíamos entrar en ellos. Después de salvar estos obstáculos hemos llegado otra vez al Tolmo con algún rasguño provocado por las estrecheces que nos ha tocado superar.
La vuelta a Canto Cochino ha transcurrido sin novedad donde nos hemos despedido hasta la próxima aventura.

Un abrazo muy fuerte.

Antonio de la Fuente

Crónica de Senderismo:

 La Granja: Ribera del río Cambrones: 

Hace ya algunos años, cerca de estos parajes, un ministro de Su Majestad recibió una sonora bofetada.
El ministro era D. Francisco Tadeo Calomarde, que ocupaba la cartera de Gracia y Justicia, el Rey Fernando VII, y la dama que le obsequió con el bofetón era Luisa Carlota de Borbón, hermana de la cuarta esposa del monarca.
El motivo: La intriga y las maniobras orquestales en la oscuridad de Calomarde para volver a poner en vigor la "Ley Sálica" y con ella evitar que la futura Isabel II subiera al trono.
La respuesta del ministro al sopapo fue: Señora, manos blancas no ofenden.
Con estos antecedentes, puntuales como siempre, dejamos los coches en la explanada de la Real Fábrica de Cristales y siguiendo las prolijas instrucciones de Rafa, 11 senderistas, Jose Vicente, Gloria, Rocío, Irena, Elena, Alfredo, Paz, Pilar, Alfonso, Mari Carmen y yo, cruzamos puentes, pasamos puertas giratorias, talanqueras, etc y siempre aguas arriba, con el río a nuestra derecha, llegamos a la primera de las calderas.
Otro grupo de excursionistas, se descalzó y cruzó el río, progresando por la orilla izquierda para, suponemos, llegar a la segunda y tercera calderas.
Nosotros lo dejamos para mejor ocasión. Con los zapatos en su sitio, volvimos sobre nuestros pasos unos doscientos metros y subimos el lomo que envuelve la curva del río.  Allí sin perder cota, dimos la vuelta al citado lomo, y siempre con el vértice Atalaya al norte, campo a través atravesamos retamas, cantuesos, florecillas y arbustos varios hasta llegar a un collado en el que se juntaban un par de caminos, y donde decidimos tomar el tentempié.
Por cierto. En el grupo tenemos un par de magníficos ornitólogos que nos ilustran sobre los pájaros que vemos. Pero echo en falta quien sepa decirnos los árboles y plantas que nos acompañan. Yo distingo el roble y poco más...
Hablando de pájaros, hubo momentos en los que las rapaces volaban ¡por debajo de nosotros!.
Pues bueno, tomamos uno de los caminos de los que bajan a La Granja, y más o menos orientados, llegamos a los coches.
Como esta vez no hubo río que cruzar, decidimos saltar vallas.
Al final tomamos una sabia decisión: Las cervezas en "Casa Hilaria", en Valsaín. Aparcamiento fácil y trato amable.
Como resumen: Algo más de 11 kms. unas 4 horas y media y según lo que decíais, esta marcheta muuuuucho más dura que la Maliciosa.... y Rocky si fue.
Solo me queda agradeceros lo fácil que hicisteis el "pastoreo" y desearos una buena semana.

 Gonzalo Fernández Lamana:


Crónica del día 29/05/2016

Al Collado de la Ventana por el Callejón de las Abejas. 

Esta vez sí. La climatología nos permitió completar la excursión que no pudimos hacer en Abril aunque en aras de la prudencia cambiáramos sobre la marcha el itinerario de retorno. 
Al final no pudieron venir algunos de los montañeros habituales y claro que les echamos de menos pero los seis que emprendimos la ruta la disfrutamos de verdad porque es una de las grandes rutas de La Pedriza. 
Mar, Antonio, Alfredo, Emilio, José Antonio y yo partíamos como de costumbre a las 8.30h. de Canto Cochino y nos dirigimos por la autopista de la Pedriza hacia el camino del Collado de la Ventana que abandonamos tras hora y media de marcha en la cota 1450 m. dónde se toma a la izquierda el sendero que nos introduce en el Callejón de las Abejas. Esta fuerte canal permite un acceso diferente no solo al Collado de la Ventana sino también a la zona de la Esfinge camino de las Torres de Pedriza. Es bastante salvaje y sobre todo al comienzo en la parte más boscosa es fácil no encontrar el mejor camino pues los hitos escasean y el arroyo tampoco ayuda mucho. Según vamos ganando altura, el bosque de pinos desaparece y el sendero se hace más evidente. En una hora ganamos los 350 m. de desnivel que nos llevan al Collado de la Ventana después de disfrutar de una ascensión con unas vistas magníficas y al cobijo de las grandes paredes norte de los riscos del Colmenar o de las Abejas llamados Las Nieves, El Cocodrilo, La Ventana…. 
Decidimos continuar hasta alcanzar la cumbre del Cancho de la Herrada o gran pared de Santillana llamada así en su cara sur. Nosotros la acometemos por las divertidas chimeneas y bloques  de su cara norte que ponen a prueba nuestro equilibrio y habilidad en varios pasos de escalada libre de tercer grado. Sin problemas y ayudándonos entre todos conseguimos que Antonio no saque la cuerda para asegurar. Cumbre a las 11,30h. y ya toca reponer las fuerzas con unas vistas impresionantes de toda la Pedriza pues estamos a 1822 m. 
A las 12 iniciamos el descenso a la Pradera de Navajuelos y en la bifurcación de caminos, decidimos variar el plan inicial que nos llevaría al Collado de la Dehesilla por el camino más directo y rápido al Tolmo por Cancho Amarillo y Las Buitreras. El motivo es muy fácil de entender, empieza a llover y las previsiones son de lluvia intermitente hasta las 3 de la tarde y transitar por los granitos de La Pedriza mojados exige mucha precaución. Por tres veces hasta nuestro final de ruta nos tenemos que quitar y poner el equipo de lluvia y el camino hasta el Tolmo es lo suficientemente delicado para tomarlo con tranquilidad. 
A las 14,45 h. llegábamos a Canto Cochino con la satisfacción del deber cumplido y la energía que nos da esta mágica Pedriza cuando nos metemos en sus entrañas más salvajes. Por supuesto que volveremos y muy pronto. 

Toño Gutiérrez.

Día 21/05/2016.

Crónica de senderismo a La Barranca

La marcha de este sábado se presentaba muy agradable. Con mucha ilusión, Luis y yo madrugamos para estar puntuales en el club a las 8.00, como está establecido.

Allí nos encontramos con otros 7 senderistas y los 9 nos repartimos en tres coches para coger la carretera de Colmenar y reunirnos con los 5 senderistas restantes en el aparcamiento del Hotel la Barranca.

Algunos de nosotros y a pesar de la advertencia de Rafa de “ojo con la desviación” nos despistamos, nos pasamos de largo y tuvimos que dar un giro en mitad de la carretera de esos de  “espero que no nos haya visto nadie” para volver a la entrada de La Barranca.

Una vez  en el aparcamiento y después de verificar que efectivamente éramos 14 los que estábamos dispuestos a hacer la salida “facilona”, como la había llamado Rafa,  nuestro guía Alfonso nos sugirió un pequeño cambio de planes sobre el propuesto originalmente, que todos aceptamos con agrado. Se trataba de hacer la subida por la senda Ortiz, en vez de por la programada pista de la Barranca. La idea de este cambio fue para que hiciéramos una marcha más larga y así no llegar al punto de encuentro con los montañeros demasiado pronto.

Emprendimos la marcha con puntualidad, incluso unos minutos antes de las 9.00, los siguientes senderistas:
Gloria Fernández, Marisa Fernández, Elena Madurga, Sonsoles Herrero, Irena Jaroszynska, María Franco, María Lamo, Alfonso Simón, Mari Carmen Vázquez, Paco Vaquero, Aleja, Pilar Caridad,  Luis Egido y Melanie Natanio.

Comenzamos a andar por la pista de la Barranca, que supuso un poquito de cuesta, bien acompañados en ese tramo a nuestra derecha por el Rio Navacerrada.
Pronto nos desviamos hacia la izquierda para tomar la senda Ortiz, una senda estrecha y muy bonita rodeada de pinos con sol y sombras, por donde de vez en cuando bajaban arroyitos con mucha fuerza.  Seguimos por esta senda durante un rato hasta que llegamos a La Explanada del Antiguo Emplazamiento del Real Sanatorio de Guadarrama donde hicimos una mini parada para ver al fondo las bonitas vistas de los embalses de Navacerrada y  Valmayor y de los pueblos de Hoyo de Manzanares, Moralzarzar, Becerril, El Boalo y Cerceda entre otros.

Continuamos el camino ya por una senda más ancha hasta que finalmente llegamos a nuestro punto más alto, el Mirador de las Canchas, donde hicimos la parada de rigor para descansar un poquito, renovar fuerzas con bocatas, frutos secos y fruta y por supuesto hacer la foto de grupo para que Paco luego la pudiera subir al blog.

Aquí las vistas fueron aún más espectaculares que las de la parada anterior, aunque desafortunadamente no pudimos ver las torres de Madrid a lo lejos por la bruma que había, pero nos conformamos con las no menos preciosas vistas de la Bola del Mundo y la Maliciosa a nuestra izquierda y de frente de nuevo los embalses y pueblos de la sierra de Guadarrama.

Retomamos la marcha cuesta abajo por una pista también ancha y rodeada de pinos por donde se podía oír el movimiento del rio a la distancia, aunque no lo podíamos ver.  Sin embargo, a cada rato nos encontrábamos con riachuelos que bajaban muy cargados de agua y con dos arroyos cantarines, como los llamó nuestra compañera María Franco, por el ruido que hacía el agua al bajar, “que era como si cantaran”.

Llegamos entonces al cruce de la Puerta de la Maliciosa donde Irena y Pilar decidieron tomar de inmediato el camino hacia los coches, por un cambio de planes de último momento. Los 12 senderistas restantes subimos un poco hacia la izquierda para enseguida encontrarnos con la Fuente de las Campanillas, llamada así por la campanilla que hay en la fuente y que todos tocan al pasar por allí.

Este era el punto de encuentro con nuestros valientes compañeros que subieron a la Maliciosa, aunque nuestro encuentro estaba programado para las 13:30 y solo eran las 12:00. Tuvimos que charlar mucho para pasar el rato, además de entretenernos durante la primera media hora con el divertido juego de la “ola con manos” que nos propuso y dirigió con rigor nuestra compañera Sonsoles.

Como hacia las 13:00 vimos a lo lejos que llegaba Rafa, quien fue muy bien acogido por los que allí estabamos. Sobre las 13.30 comenzaros a llegar en ráfagas los 9 montañeros y senderistas avezados que esperábamos, unos más cansados que otros, y también Rocky, la mascota del grupo, un pelín agotado pero habiendo subido a la Maliciosa, ¡como un campeón!

Todos juntos hicimos la bajada hacia el aparcamiento por una bonita senda con el rio a nuestra derecha.

Sin tiempo para la obligada cerveza de antes de comer, pues eran ya las 14:50, nos dirigimos todos hacia el restaurante La Muñoza en Cercedilla donde sí, se tomaron cervezas, tintos de verano, vino y una sabrosa comida. Esto puso fin una vez más a un esplendido día por la sierra de Guadarrama, con una marcha muy agradable entre pinares y riachuelos, maravillosas vistas, y como es de costumbre, una charla muy entretenida.

Gracias a todos, como siempre ha sido un placer hacer esta marcha con vosotros!!

Melanie Natanio



Crónica de montañismo: La Maliciosa

Buenas tardes amigos montañeros- senderistas. De nuevo me tocó escribir la crónica (vale, no han sido tantas).

Rafa me lo pidió amablemente, de esa manera que no te puedes negar, aunque confieso que durante la excursión se me olvidó por completo y no me fijé o pregunté a los entendidos tanto como si hubiera puesto el empeño. Estas son mis impresiones:

Nos encontramos en el aparcamiento del valle de la Barranca a muy buena hora, una mañana clara y nada fría, Antonio, Maria, Toño, Sandra, Charo, Paz, Alfredo, Gonzalo, Jorge, Rocky y yo. La mayoría comienzan la marcha en manga corta, adivinando que pronto entraremos en calor. Cruzamos el puente del embalse del rio Samburiel, desde donde Francisco sacó esa foto tan bonita con el reflejo en el agua de la Maliciosa y el Peñotillo.

En seguida nos adentramos por un bosque de matorral, jaras y helechos que serpenteamos en fila india por la exhuberante vegetación, en parte gracias a las últimas lluvias, que han sido una bendición, con cuidado de no arañarnos al pasar por entre las ramas de los arbustos.

Al fin llegamos a un claro desde el que iniciamos ascenso al Peñotillo o también llamado "falsa" Maliciosa. Desde aquí subimos prácticamente en silencio para no agotar el aire que nos hacia tanta falta para no fatigarnos en exceso y antes de tiempo.

Paz, Gonzalo y Alfredo fueron los senderistas que por primera vez afrontaban con mucho ánimo e ilusión esta ruta "de las duras", a la Maliciosa por la vertiente sur. Pero sin duda, el que más merito tiene, es Rocky al que nadie le preguntó y se empeñó en la subida de una forma admirable, ya que tenia la dificultad añadida de meter las patas por entre las rocas y buscaba incansable, zigzagueando, el camino mas apropiado para no quedar atrapado.

La ascensión comenzó a hacerse mas dura al acentuarse el desnivel y andar por piedra de granito suelta que podía desprenderse a nuestro paso. Una de estas rocas que no pudimos  esquivar a tiempo bajaba con velocidad, golpeando, aunque de refilón, el pie de Charo. Afortunadamente, sólo fue un roce. Esa la parte más delicada de la subida, que nos obliga a ir con mucha precaución en las pisadas.

Y por fin alcanzamos el punto geodésico de la Maliciosa, que estaba bastante concurrido. Una vista preciosa de la sierra, con algo de bruma, desde donde podíamos contemplar los embalses de Santillana y Navacerrada, La Pedriza, Las Machotas y los Montes del Escorial. Y al norte, con la vista despejada, la Bola del Mundo con poquita nieve.

Descansamos para reponer fuerzas e iniciamos el descenso, de nuevo por terreno pedregoso, hasta el Collado del Piornal, pasando muy cerca de un rebaño de cabras tumbadas tranquilamente en el pasto que no se inmutaron al ver cómo nos acercábamos. Paramos a beber del agua fresquita de los manantiales que encontramos en el camino y de ahí a la fuente de las Campanillas, donde nos esperaban nuestros compañeros senderistas que nos recibieron con abrazos deseando que les contáramos esta experiencia montañera. Sobretodo, curiosos por saber cómo les había ido a sus compañeros atrevidos que llegaron orgullosos de haber logrado subir a la cumbre y bajar sin contratiempos. Por supuesto que hubo resbalones, sin consecuencias, gracias en parte a los bastones y a la concentración puesta en el camino, imprescindibles para evitar esas caidas "tontas" que pueden lesionarnos.

Desde la fuente continuamos bajando ya más relajados y parlanchines por pista forestal y por bosque de pinos silvestres, acebos y robles, tan verde que es una alegria para los sentidos  en contraste con la aridez y la dificultad  de las rocas.

La comida en " La Muñoza", Cercedilla, se hizo esperar, éramos muchos, pero mereció la pena porque comimos estupendamente. Desde unos judiones de la granja hasta un gazpacho, entrecot o solomillos y de postre crema catalana.

Hasta la próxima marcha.

Abrazos

Mamen













CRÓNICA DE LA MARCHA SENDERISTA POR EL RIO ANGOSTURA (15 de mayo de 2016) 

       A las nueve y veintisiete iniciamos la marcha desde el aparcamiento del restaurante Pinosaguas liderados por José Vicente, veintiséis caminantes o, según los menos supersticiosos, dos grupos de trece.

Estos eran: Gloria Fernández, Marisa Fernández, José Vicente Almela, Marta, Sonia, Alvaro, Almudena, Mercedes, Gonzalo, Mamen, Andrés, Paula de Prez, Paco Váquero, Aleja, Irena Jaroszynska, María Cacicedo, María Parra, Candelaria González, José Eugenio Soriano, Margarita Menéndez de Luarca, Gonzalo Fernandez Lamana, Pilar Caridad, Alicia Caridad, Lola Rodero, Pablo Olavide

    El río Lozoya, en esta zona llamado Angostura, recibía a fauces llenas las aguas de mayo. Temperatura agradable de 15 grados y cielos despejados, sin la más mínima amenaza de lluvia. Ideal para darse un chapuzón, aunque a nadie se le pasó por la cabeza una hazaña de tal calibre. Éramos, por lo que se vio, un grupo integrado por gente razonable.

    Tras un breve tramo de carretera enfilamos una pista forestal asfaltada entre pinares, hasta alcanzar en un claro el monumento al Guarda forestal. Parecía un dolmen megalítico colocado allí por Obelix, pero no lo era; salvo que aceptemos que el megalítico se extendió hasta 1977.

    Primera parada para disfrutar desde el mirador de unas impresionantes vistas al Valle del Lozoya: el pantano de Pinilla al fondo a la derecha y más al alcance el pueblo de Rascafría y el monasterio de El Paular. A la izquierda, la impresionante sierra de Guadarrama, con Peña Lara majestuosa; Los Pájaros y El Nevero transmitiendo escalofríos. Un buitre leonado nos observaba con pocas esperanzas de completar el desayuno. Varias cabezas de ganado vacuno, mezcla de charolesa y limusina con la autóctona negra avileña (sabrosa carne del Guadarrama) nos miraron con extrañeza. Muy cerca, unos caballos que acabarán sus días en el plato de algún exquisito gourmet con gustos prehistóricos, masticaban pacientes sin preocuparse en exceso por su destino.

    Continuamos la marcha entre mucho pino y algún que otro roble, acariciando rosales silvestres o escaramujos, también llamados tapaculos por su fruto astringente. La flor de la retama, la amarilla genista, no estaba aún en su esplendor pero apuntaba maneras. Nos adentramos en los pinares del Paular o pinares de los Belgas donde, de cuando en cuando, las huellas de tractores y la acumulación de troncos de pino delataban una débil actividad maderera que ha sido la que ha impedido que esta zona se integrara en el Parque Nacional del Guadarrama. Todo se andará.

    Explica Pablo Olavide, enciclopedia viva de flora, fauna y buen criterio, que además de los buitres leonados que observamos en el mirador, la zona atesora picapinos, carboneros, herrerillos, pinzones, azores y gavilanes, pero que, especialmente estas dos últimas variedades, será difícil que hoy se acerquen a saludarnos. Tampoco esperamos ver jabalíes, corzos, zorros, gatos montés o nutrias, aunque es probable que estén al acecho en la espesura.

    Continuamos en permanente ascensión con la baja de Paula, que se negó a seguir subiendo, y que dio marcha atrás acompañada de Irena.

   Accedimos finalmente a una concentración de troncos de pino tan bien colocados que parecían un anuncio de Ikea. No sé si esa madera servirá hoy en día para algo, pero al menos a nosotros nos sirvió como merendero y zona de descanso, con la vista puesta ya en el descenso.

   Y con la alegría que da la cuesta abajo y la aparición del algún acebo, tanto macho como hembra, iniciamos el retorno con la única incidencia de Alicia encendiendo un cigarrillo y sin sospechar lo que nos esperaba más adelante. Cuando volvimos a cruzar la carretera del inicio y vislumbramos de nuevo el rio Angostura, Gloria, que hasta entonces no había tenido que echar mano del silbato, lo sopló hasta casi agotarle las pilas. 

No sabíamos qué dirección tomar: si río arriba o río abajo. Es decir que, tras una marcha apacible, el último kilómetro se nos resistía. Parte de la tropa inició un amago de rebelión que José Vicente controló con la sabia sentencia de que “si andamos más de la cuenta, eso habremos ganado”. 

   Al fin y al cabo los diversos GPS ofrecían distancias recorridas irreconciliables por lo que tampoco sabíamos si íbamos a andar más o menos de los casi 12 kilómetros en que al final quedó la cosa, tras casi cuatro horas de programa. Más o menos lo que dura una de las cuatro partes del anillo del Nibelungo de Wagner, pero menos pesado.

   Sin llegar la sangre al río, que nos quedaba a la derecha, enfilamos sendero abajo junto a un Angostura crecido, y disfrutamos de la mejor experiencia del camino, encontrándonos de propina con algún que otro abedul y sauce cabruno; agua a raudales y la esperanza de que ya quedaba poco, como así fue.

  Allí estaban esperando Irena y Paula que nos señalaron el camino hacia unos botellines de cerveza en Pinosaguas. Final del trayecto.


Juan Cacicedo