5/5/2019 Conjunta: Los Baños de Venus; Pablo Alavide





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Hay lugares de nombre tan sugerente que es imposible resistirse cuando a uno le proponen ir. Y uno de ellos es, sin lugar a dudas, los Baños de Venus en La Pedriza y cuando vi que Rafa lo había programado para este domingo, revisé mi agenda, casi siempre disponible para estos menesteres, y me apunté sin pensármelo dos veces. Incluso los avezados montañeros de nuestro club también se animaron a dar un garbeo por donde se acicalaba tan singular dama.
A las 8:15 de la mañana me encuentro en Canto Cochino con José del Campo que, al igual que yo, ha hecho una parada previa para tomarse el primer café de la mañana. Yo acostumbro a hacerlo en algún pueblo que me venga a mano (en esta ocasión Manzanares el Real) y ahí ya empiezo a saborear la jornada que nos espera (y también a preparar la crónica que, me temo, recaerá en mí). A las 8:30 llega Francisco Vaquero y a continuación el resto del grupo con quienes compartiremos paisaje, esfuerzo, conversación y amistad.
A primera hora de la mañana, Canto Cochino es un hervidero de coches, ciclistas y excursionistas deseosos de ponerse a funcionar cuanto antes. También de remolones montañeros que apuran sus cafés en el chiringuito que hay junto al aparcamiento. Yo los miro con cierta envidia, deseando tomarme un segundo café, pero no hay tiempo para ello y, antes de que den las nueve, nos ponemos en marcha. Hoy somos diecinueve, ni más ni menos, capitaneados por Antonio de la Fuente que nos guiará hasta los Baños de Venus.
Los primeros pasos los hacemos junto al Manzanares que, tras las últimas lluvias, baja pletórico. Y lo hacemos sumergidos en el pinar y en el fragor de una amena conversación y esto hace que, los que vamos a la cola, nos despistemos de nuestros compañeros. Es hora de estrenar mi silbato que llevo guardado en algún lugar de la mochila desde hace cinco años y comprobar si funciona. Y funciona; nuestra pérdida dura poco y mi esperanza de terminar esta crónica de manera anticipada en el chiringuito de Canto Cochino, también.
Emilio recoge al grupo extraviado y ya, todos juntos, reanudamos la marcha. Cruzamos el Manzanares y tomamos una pista que, poco a poco, va ganando altura. El río va quedando en el valle y su rugido inicial se transforma en un rumor que me permite escuchar el canto de pinzones, carboneros, petirrojos, herrerillos y trepadores. Trato de descubrirlos en la espesura, pero es tarea inútil y juegan conmigo a esconderse entre las ramas.
Finalmente, el Manzanares toma su camino y nosotros el nuestro. Afrontamos entonces la subida por la laberíntica pista que llaman de las “Zetas”, pero nosotros transformamos la zigzagueante letra Z en una I atrochando por el monte. ¡Nada como la línea recta!
Y así, repecho tras repecho, nos plantamos en el arroyo del Chivato. Tras cruzarlo, abordamos la última subida por una tortuosa senda que trepa hasta el collado de Miradero. Desde aquí los Baños de Venus ya quedan a tiro de piedra, a diez minutos, asegura Antonio. Y parece cierto porque ya se escucha el estrepito que provoca el agua al golpear contra la roca desnuda; una música que anuncia la proximidad a ese paraje donde se bañaba Venus, diosa romana de la belleza, el amor y la fertilidad. 
Hay lugares tan bonitos que se merecen un nombre singular y este es uno de ellos: los Baños de Venus. Aquí, el arroyo de Los Hoyos culebrea entre las peñas y se precipita a una poza (lugar del baño de la diosa, supongo) para luego continuar su alocada carrera hacía el Manzanares. Un sitio privilegiado para contemplar La Pedriza, ese escenario hermoso y caótico donde las piedras mantienen sorprendentes equilibrios y forman caprichosas figuras. Silvia dice que este paraje parece de otro mundo, y yo coincido con ella.
Es tiempo de reponer fuerzas y disfrutar del entorno. Uno se quedaría toda una vida aquí, tumbado al sol sobre las piedras mientras escucha el sonido del agua…, pero “tempus fugit”, como diría Venus, y debemos partir. 
Bajamos por el mismo camino que nos trajo hasta aquí, por el collado de Miradero, el arroyo del Chivato y las Zetas; al igual que en la subida, optamos por atajar monte a través, menos José del Campo y Pedro, que prefieren disfrutar del paisaje y no andar a trompicones por la senda. Y bien mirado, llevan razón, ya que bajan tan rápidos como el resto de nosotros. 
La bajada se hace larga y a más de uno nos sorprende lo mucho que hemos subido y lo lejos que hemos llegado; pero Rafa nos lo premiará con dos puntos extras por esta marcha.
Ya es tarde cuando llegamos a Canto Cochino y volvemos a encontrarnos con el ajetreo de coches que entran y salen para dejar o recoger excursionistas. Nosotros somos de los que nos vamos, de los que ya hemos disfrutado una mañana intensa por La Pedriza en buena compañía. 
Y mientras abandono el aparcamiento, veo con afecto el chiringuito y pienso lo bien que nos vendría una buena cervecita después del esfuerzo… Pero ya no hay tiempo para más; es hora de irse a celebrar el Día de las Madres.
Un placer haber compartido esta excursión con todos vosotros.
P.D. Este periplo de 12 kilómetros y 800 metros de desnivel lo hemos realizado: Rafael Garcia Puig, Antonio de la Fuente, Elena Madurga, Silvia Caridad, María del Mar Palazuelo, Rocío Eguiraun, Marisol Varela, Pedro de Pablos, Marisa Huidobro, Ricardo García Ramos, Conchita Carvajal, Begoña Mata, Emilio Rodriguez, Viky Cadahia, Marisa Ruiz, Mar Barrionuevo, José del Campo, Francisco Vaquero y este cronista, Pablo Olavide.
¡¡Buena semana, amigos!!
 Pablo

28/4/2018 Montañismo; Hoyo Cerrado: Juan Carlos Aguilón






Entre los reunidos para esta marcha había expectación. Aunque discurría por terrenos que ya habíamos pateado parcialmente en otras ocasiones, siempre un nuevo recorrido levanta nuevas emociones. Y la ruta cumplió! Y ¿porqué?. Ahora os lo cuento.
La mañana, fresca al principio, nos regaló una temperatura casi de “condiciones de laboratorio”, óptima para disfrutar de la montaña. Así que....la mañana cumplió!
El paisaje, de auténtica gala, después de las últimas y deseadas lluvias. Abanico amplio y diverso de tonalidades verdes en las praderías, en los bosques y en la vegetación típica del circo glaciar. Como complemento a los colores, abundancia de cascadas, arroyos, riatos, corrientes de aguas que desbordaban sus cauces habituales. Así que......el paisaje cumplió.
La ruta, comenzaba justo al lado de la ermita de  San Blas. El Santo, que además de patrón de laringólogos y de enfermedades de la garganta, es el que da nombre a toda esta zona: La hoya de San Blas. Continuaba la ruta adentrándose por bosque de pinares y por zonas de generosa sombra y también de amplias y profundas vistas. Fue una ruta sin grandes dificultades técnicas pero que al final aportó su ingrediente de exigencia prolongándose durante 20 km. Así que....la ruta cumplió.
Todos los partícipes principales de la puesta en escena, habían cumplido. Faltaba por comprobar si los “actores-caminantes” iban a cumplir. El grupo de montañeros, reducido en esta ocasión pero siempre entusiasta y con ganas de pasarlo bien, no podían defraudar. El ritmo inicial de la marcha trepidante, había “ansias” por descubrir el nuevo objetivo y fue un saludo escueto y de soslayo el que le dimos a San Blas, al pasar junto a su ermita. Era una declaración formal de intenciones que se plasmó en un recorrido ameno, divertido y fascinante hasta que nos encontramos de frente con el magnífico espectáculo visual de Hoyo Cerrado, especie de hoya glaciar que se sitúa a 1,800 metros de altitud y a casi 400 metros debajo de la Cuerda Larga. Así que....el grupo de “actores-caminantes” cumplió y quedó con ganas de volver a repetir zona y objetivo.
Así pues, si la mañana cumplió, el paisaje cumplió, la ruta cumplió y el grupo cumplió, sólo falta mencionar a los afortunados que disfrutamos de todo este cóctel vitamínico para los sentidos y el espíritu: Rosa y su sonrisa franca, Mar y su dulce franqueza, Antonio y enveterada prudencia, Paco y su ritmo endiablado y el relator de esta pequeña historia matutina-dominical
Disfrutad de esta peculiar nueva semana del mes de Mayo, que ya nos visita.
Juan Carlos Aguilón
Un abrazo

27/4/2019 Senderistas: Del Pontón de la Oliva a la Presa de la Parra. Alberto Extramiana





Hoy hemos sido 22 los senderistas que nos hemos animado a disfrutar de una excursión preparada y guiada con mucho cariño por Silvia Caridad.
A las 8 h de la mañana nos juntamos una buena parte de los senderistas participantes en la puerta del Club Mirasierra. Desde allí hemos ido en los coches hasta el polideportivo municipal de Torrelaguna, dónde nos hemos juntado con el resto de senderistas, entre ellos Pilar Caridad
Una vez reunidos todos, nos hemos desplazado desde Torrelaguna hasta el parking cercano a la presa del Pontón de la Oliva, donde dejamos los coches e iniciamos la marcha, pasadas las 9 h de la mañana.
Tras un breve paseo por una pista llegamos a la presa, que nos sorprende a los que no la conocíamos por su solemne presencia y por su historia, relatada In situ y de forma muy amena por Silvia Caridad y por José Vicente Almela.
La presa comenzó a construirse en 1851, bajo el reinado de Isabel II, y terminó de construirse en 1856. 
 En la obra trabajaron un gran número de presos de las guerras carlistas, y las anillas de metal dónde se ataban a los presos siguen dejando un testimonio histórico en el pasillo que se encuentra en un lateral de la gran obra, desde el que se puede observar unas paredes naturales de roca al otro lado del río, utilizadas por un gran número de escaladores para practicar su deporte.
Desgraciadamente, la vida de la presa fue corta. Los ingenieros habían elegido mal el lugar donde erigieron la presa y pronto aparecieron filtraciones que arruinaron su capacidad de embalse. En 1860 se construyó urgentemente la pequeña presa de Navarejos para poder tomar el agua del río. Pocos años después la presa del Pontón de la Oliva cayó en desuso y fue sustituida por la del embalse de El Villar, situada 22 km aguas arriba e inaugurada en 1882.
Partimos desde la presa por un sendero, ascendiendo el curso del rio Lozoya, siempre con el rio a la vista a nuestra derecha. 
El sendero es fácil y está rodeado de vegetación, ofreciendo unas vistas magnificas del rio y de las paredes que se encuentran al otro lado del mismo.
El día ha sido muy soleado y el valle por el que discurre el río está lleno de matices verdes, lo que hace que el paseo sea una auténtica delicia.
Tras recorrer el sendero durante un rato, llegamos a una explanada verde, con un árbol de gruesas ramas que se desprenden del mismo hasta casi llegar al suelo. La imagen es de lo más bucólica y el lugar es mágico.
Continuamos por el sendero hasta salir a una pista forestal, siempre con el rio a nuestra derecha. 
Seguimos por la pista forestal y nos encontramos en el camino un buen número de vacas que nos observan con parsimonia mientras comen la hierba que crece en los laterales de la pista.
La idea era cruzar el rio para proseguir por el otro lado, pero debido al cauce del mismo tras las lluvias que han tenido lugar durante la semana santa, la misión se antoja demasiado complicada, por no decir imposible.
Así que decidimos dar la vuelta y volver por donde habíamos venido durante un rato, para desviarnos y tomar un sendero que baja más cercano al rio.
La vuelta es un lujo, con las vistas al rio y al valle, iluminado por un sol radiante y con una temperatura perfecta.
Seguimos hasta llegar a la pradera verde que habíamos cruzado a la ida, y allí nos tumbamos en la hierba para disfrutar de algo de comer, de las vistas, del día y de la compañía.
Tras un rato disfrutando del lugar decidimos levantarnos no sin cierto esfuerzo, ya que allí se estaba en la gloria, para reemprender el camino, animados por la visión sugerida de nuestra merecida cerveza en la plaza de Torrelaguna.
Volvemos a retomar el sendero y las vistas de ese tramo nos vuelven a regalar grandes momentos, hasta llegar de nuevo a la presa, desde donde observamos los progresos de un buen número de escaladores que ascienden con esfuerzo las paredes que se sitúan al otro lado del río.
Pasada la presa llegamos de nuevo al parking y desde allí nos desplazamos en los coches hasta Torrelaguna.
En Torrelaguna paseamos por el pueblo hasta llegar a la plaza, en la cual disfrutamos de cervezas y refrescos, sentados en una terraza junto a la cruz que indica el lugar en el que se encontraba la casa del Cardenal Cisneros. 
Allí nos encontramos con Alicia y con Emilio Caridad, que se han acercado para compartir con nosotros las cervezas y la comida posterior.
Nosotros nos fuimos tras las cervezas, no sin pasar antes por una pastelería para comprar unas magdalenas caseras que nos había recomendado Silvia y que por cierto están buenísimas ;-)
El resto de participantes en la marcha se quedaron a comer y a disfrutar de una visita guiada por el patrimonio histórico de Torrelaguna, pueblo que nos ha gustado mucho y al que sin duda volveremos.
Muchas gracias a Silvia, a Pilar y al resto de los hermanos Caridad, por preparar esta magnífica excursión y por ser nuestros anfitriones en Torrelaguna. Nos habéis hecho sentir como en casa.
No se puede pedir más a la jornada, buen día, buena ruta, descubrimiento de Torrelaguna…
Un sábado excelente.
Un abrazo a todos,
Alberto Extramiana

07/04/2019 Conjunta: El Yelmo; Conchita Carvajal





Queridos montañeros y senderistas:
Desde qué hablásteis, hace unos meses que una de las marchas más duras y difíciles era "El Yelmo" empecé a pensar. Iré, no iré, iré, no iré......., pero tuve un poco de ayuda y decidí IR.
Rafa me dijo, es un reto y tú puedes
Mi hermano Toni (gran montañero), me dijo, si te apetece es algo precioso, y si no llegas no pasa nada.
Iván (el monitor de mi gimnasio), me dijo, come el día anterior mucha pasta, (como Rafa Nadal) y despacio subirás, NO LO DUDES!!
De todas formas tengo que confesar que los días anteriores, cuando empezó a ponerse el tiempo tan mal, me entró un poco de miedo y no paraba de mirar al móvil para ver si se desconvocaba la marcha, hasta me rondó por la cabeza poner el termómetro en el radiador y esperar a que subiera a 39 grados. Con fiebre no podía ir!! La suerte es algunas veces buena y otras mala. El domingo 7 de Abril, nos toco buenísima, tuvimos un día precioso, cayó un ratito una mini nevada, que dió su punto.

Empezamos subiendo unas cuestecitas de nada ¡My mother!, mirando el camino con atención para ver dónde poníamos los bastones y los pies.
Qué suerte también con Antonio que nos hizo de guía, se sabe todo, y si se equivoca tres metros, enseguida lo arregla. Te da una seguridad que no te importaría perderte un par de horas. Así él y sus compañeros nos contarían más cosas, como Emilio que me iba señalando "las piedras caballeras", que se llaman así porque van a caballo únicas en el mundo, el aceite que suelta la Jara que sirve para cosméticos, el tomillo y el romero como yerbas aromáticas para la cocina, .......y los nombres de todos las montañas, valles , pantanos etc....... Yo voy aprendiendo, ya sé dónde está La Maliciosa y Peñalara. Llegamos a La Lagunilla del Yelmo, pasando por la pradera; no sé cómo expresarlo, Grandioso, Espectacular, Sobrecogedor ........., ponerle el adjetivo que queráis todos valen.
Rafa propuso rezar un padrenuestro por Mónica, hicimos un corro con gran emoción y creo que detrás de una piedrita vi a Dios que nos miraba muy contento.El descanso lo hicimos en una explanada de nieve virgen en la base de la cara sur de El Yelmo. Pedazo de granito imponente que impresiona, da miedo, pero también paz.
Subimos por un camino y bajamos por otro, viendo volar y planear a buitres leonados, (Pablo corrígeme si me equivoco), que son la envidia de cualquiera.
Gracias Rafa por animarme y confiar que era capaz de hacer esta marcha y a todos los demás por vuestra ayuda, nunca lo olvidare porque las cosas buenas nunca se olvidan.
RETO CONSEGUIDO!!
Los compis fuimos: las chicas primero como Dios manda, Mar Barrionuevo, Marisa Huidobro, Silvia Caridad, y Conchita Carvajal "la Cronista". Los chicos, Antonio de la Fuente, el súper guía guay, Rafa García Puig, Cipriano Diaz, Ignacio Olleros, y Emilio Rodríguez.

Duración de la marcha: 5 horas
Altitud: aparcamiento Canto Cochino 1.050m
Altitud base del Yelmo cara sur: 1.567m
Altitud total del Yelmo: 1. 717m

Espero que mi salud y mi ilusión me dejen seguir disfrutando mucho tiempo, muchos días como este . 
BESOS.
CONCHITA

31/3/2019 Montañismo De Majavilán al Montón de Trigo; Emilio Rodríguez



Los montañeros, en un alarde de imaginación, somos capaces de buscar nuevas utilidades a las cosas. Hoy ha sido un día que hemos podido demostrarlo y os lo vamos a explicar a continuación.
Puntuales en el club y en Majavilán, comenzamos la ruta 10 montañeros. a las 8:30 en punto, porque las ganas son muchas Subimos por la antigua ruta pecuaria del Camino Viejo de Segovia, que cuando acometieron su construcción en la Edad Media, con el propósito de facilitar el tránsito del ganado, nunca sospecharon que pasados los muchos años, estaría transitado por seres humanos, que sin una sola oveja, se cargan de bultos la espalda y con más o menos esfuerzo ( hoy mucho, por cierto) suben hasta la Fuenfría, sin ganado vacuno alguno, pero con ganas de ver, como las vería un pájaro las 4 vías que confluyen en tan importante nudo de comunicación antiguo. Nueva utilidad de la ruta pecuaria.
Ya en el puerto, contemplamos unos minutos la desafiante figura del Montón de Trigo. Desde allí, no se divisa camino por el que acometer la cumbre del enorme peñascal en el que se han convertido con el tiempo los famosos granos de cereal.
Ascenso hasta la media ladera de Cerro Minguete, collado Minguete y subida vertiginosa por el tremendo rompecabezas de piedras, rocas, peñascos, adoquines, cantos y losas jamás reunidos, para hacer el camino más molesto. Las piedras en la montaña no tienen otra utilidad, pero nosotros las utilizamos para darle un punto de apoyo y solidaridad al compañero que se queda atrás y al que advertimos de la trampa de la piedra que se mueve. Nueva utilidad de las molestas rocas.
Berg Hail en loor de multitud en la cima, qué por su concurrencia, más parece una ruta llana que la pendiente que acabamos de subir.
Bajada a todo trapo, llegada a la Fuenfría y descenso por la Via XXIV del itinerario de Antonino, que lleva 2000 años sometida a las inclemencias y cumpliendo su misión de unir Toledo y Segovia. Diseñada para soportar pesados carros militares, hoy solo sirve para que livianos montañeros recuerden que el camino que discurre bajo sus botas, fué hollado inicialmente por soldados, carros y militares de todos los rangos, en tiempos a los que no alcanza la memoria. Otra utilidad de una ruta militar.
El animado grupo, llega a Majavilán a las 13:30 después de 5 horas de haber pisado historia, descubierto la ruta escondida del Montón de Trigo, haber inventado una nueva utilidad de una vía pecuaria y sobre todo de haber compartido con todos los compañeros, mas de mil risas, historias divertidas, descubrir nuevas líneas magnéticas del planeta, haber arreglado el entuerto político de España en un cuarto de hora y sobre todo y por encima de todo, haber vuelto a ver a tus amigos. La montaña es solo una excusa, o quizás es la montaña la que nos ha unido y ya no nos quiere separar.
Esperamos con ilusión la próxima salida y hasta entonces, un beso fuerte de nuestras montañeras: (la ley de protección de datos me impide revelar sus nombres) y un abrazo fuerte de nuestros valientes montañeros (también sin nombre por el mismo motivo) y de este cronista, que solo ha descrito lo que ha sentido con el grupo. Si queréis saber sus nombres, no os perdáis la salida de la próxima semana. Buena semana para todos/as.
Emilio

30/03/2019 Senderistas: Collado de Marichiva por la Calzada Romana


Asistentes
Rafael García Puig, Conchita Carvajal, María Lamo, Elena Sandoval, Florencia Martinez, Marisi Pallares, Reynaldo Vázquez y José Vicente Almela.
Como siempre quedamos en el club Mirasierra los siete senderistas convocados y nos dirigimos el aparcamiento de Majavilán en Cercedilla donde nos alegró ver que Reynaldo nos estaba esperando.
Ha sido una de las marchas menos concurridas a pesar del buen tiempo del que gozamos. La hemos realizado varias veces. La iniciamos por la calzada borbónica que en algunos tramos coincide con la romana para coger luego un arroyo muy pedregoso que desemboca al final de nuevo en la borbónica.
La dificultad del camino, con mucha piedra, hacía que tuviéramos que estar continuamente mirando al suelo sin disfrutar del paisaje, así que se me ocurrió preguntarme si a pesar de que éramos muy pocos podríamos sobrevivir en una isla desierta. No sé deciros por qué.
Y resultó que sí, que podíamos subsistir. Llevábamos con nosotros una médico, (aunque pediatra que tendría que reciclarse a geriatría, eso sí), una enfermera, una profesora (de bridge, pero podría reciclarse también a otras enseñanzas), una bióloga especialista en alimentación, un registrador para tomar posesión de la isla y … un bisabuelo (rara avis en estos parajes) que no es que sirva para mucho pero podría dedicarse a cuidar de los caminos. Si eso lo complementamos con Rafa de alcalde y Conchita de concejal quedaría una sociedad bastante arregladita…
Cuando desperté de mi ensoñación ya estábamos en el puerto de la Fuenfría y aún pude oír las quejas de Marisi por la dureza de la subidita.
A partir de ahí todo fue coser y cantar. En 2,5 km más y por camino llano con maravillosas vistas, dejando a la derecha el Cerro Minguete, ya estábamos en el collado de Marichiva, que está entre Peña Bercial y el Peña del Águila. Allí en una deliciosa pradera disfrutamos de un pequeño refrigerio a la vez de que Elena nos previno del peligro de usar el cuchillo de partir el pollo para otras cosas. Siempre se aprende …
Como no estábamos muy cansados alguien propuso subir a la Peña del Águila, pero la idea se descartó y por el camino viejo de Segovia bajamos al aparcamiento en un plis plas.
En 4 horas recorrimos 8,5 km con una subida acumulada de 438 m.  No ha sido difícil.
Después cervezas en Cercedilla, en un barete no demasiado concurrido, donde unos chavales muy agradables nos dijeron que no pidiéramos algo porque no tenían de nada, a pesar de que en la puerta anunciaban un menú. Qué cosas.
Allí tranquilamente hablamos del Brexit y de lo que convenía votar en las elecciones, pero eso no os lo voy a contar.
¡Feliz semana compañeros y si alguno más se apunta a isla desierta, podemos estudiarlo!
J.V. Almela


24/03/2019 Montañismo La Cuerda de Los Porrones y Maliciosa Chica; Alberto Extramiana





Hoy hemos sido 12 los montañeros/as que nos hemos animado a disfrutar de nuestra maravillosa sierra: Chelo, Mariane, Silvia, Emilio, Antonio, Rafael, Reinaldo, Jose Antonio, Juan Carlos, Jesus, Francisco y el cronista que os resume la jornada, Alberto.
Tras un debate previo el día anterior, se decide comenzar la ruta en Canto Cochino en lugar de en el collado de quebrantaherraduras, ya que existían dudas razonables sobre la posibilidad de que la benemérita pudiese estar multando a los coches que aparcasen fuera de los estacionamientos señalizados en el parque. Más vale prevenir.
Entre las 8:15 h y las 8:20 h llegamos todos al parking de Canto Cochino. Sabia decisión, por cierto, el quedar a las 8:15 h, ya que como hemos venido observando recientemente, de llegar sólo 15 minutos más tarde lo hubiésemos tenido complicado para encontrar sitio. En el intervalo de ese cuarto de hora el parking pasa de estar semivacío a llenarse por completo. 
Comenzamos a andar sobre las 8:30 h partiendo desde Canto Cochino hacia el collado de quebrantaherraduras, el día es soleado y la temperatura es fresca, aunque todos intuimos que no vamos a tardar demasiado en comenzar a quitarnos capas. 
Tal como sospechábamos, a medida que vamos subiendo comienza a sobrarnos de todo, así que nos liberamos de alguna capa de ropa y proseguimos la ascensión, siempre ganando altura lentamente, hasta llegar a la pista forestal que se encuentra pasado el collado.
Desde allí, y tras avisar a Silvia, que venía por primera vez a montañismo, de que hasta ese momento sólo habíamos hecho el calentamiento (no se fuese a confiar), comenzamos una ardua y constante subida hacia la base de Peña Blanca, al principio por un cortafuegos, después por un sendero bien definido y un poco más adelante por uno no tan bien definido, pero sin perder de vista el muro que se encuentra a la izquierda en ningún momento. El recorrido estaba algo cerrado de vegetación, y en algún momento nos obligó a abrirnos paso apartando ramas y trepando por algunas rocas, lo cual lo hizo más interesante (estos tramos off road siempre aportan cierto picante y le hacen a uno pensar en la sabia decisión mañanera de ponerse pantalones largos en lugar de cortos). A destacar las excelentes vistas de toda la pedriza y del embalse de Santillana que quedaban a nuestra espalda a medida que íbamos ganando altitud. Grata recompensa conquistada paso a paso con esfuerzo y sudor.
Tras la subida continuada llegamos a la base de Peña Blanca, desde donde podemos observar una espléndida vista del pueblo de El Boalo.
Desde la base, partimos un subgrupo de 8 montañeros con ganas de trepar y coronar este pico, guiados por Antonio. Tras trepar como cabras durante unos 15 minutos y pasar un poco de vértigo, llegamos a la cumbre (1.598 metros de altura), con gran subidón de adrenalina colectivo (y grito de guerra de Mariane) tras superar las dos rocas finales, que eran de aupa.
Tras descender nos reagrupamos y partimos todos siguiendo la cuerda de los Porrones, hasta llegar al collado de los Vaqueros, dónde hacemos un alto y damos buena cuenta de los frutos secos y demás viandas que llevábamos en las mochilas. Reinaldo nos invitó a una degustación de un pan que estaba buenísimo pero cuyo nombre soy incapaz de recordar (¿calandrajo? ¿zalandrajo?) aunque si me la tuviese que jugar estoy casi seguro de que es Calandrajos.
Tras el aperitivo, continuamos la marcha y siguiendo la cuerda, en un collado más adelante nos desviamos a la derecha (no sin antes despedirnos de la Maliciosa Chica, que se encuentra cerca) y bajamos cruzando el bosque hasta llegar a la pista de las zetas. Andamos un poco por esa pista y decidimos atajar bajando otro tramo off road por el medio del bosque. Allí Silvia se revela como una excelente descendedora, encabezando el descenso en algunos tramos. Tras algún que otro resbalón, finalmente damos con un sendero que baja cruzando el bosque hasta llegar a Canto Cochino.
Terminamos en el parking a las 13:20 h, tras haber realizado 10 kilómetros de recorrido con 826 metros de desnivel acumulado y varios tramos de “campo a través”, en una jornada soleada de temperatura casi veraniega en la que nos hemos cruzado con muy poca gente.
Una mañana extraordinaria con muy buen ambiente en la que personalmente he disfrutado mucho tanto del recorrido como de la compañía. Así es más fácil enfrentarse al lunes.
Saludos a todos!
Alberto