17/12/2017  Homenaje a Jesús y Mónica. Crónica Alberto Extramiana
Con el ánimo de rendir un cariñoso homenaje a Jesús (mi padre) y a Mónica, transcurridos ya tres años desde que nos dejaron , nos reunimos este domingo 41 montañeros/as y senderistas. Un buen numero de participantes estabamos en el club a las 8:00 h., puntuales como un reloj, para salir 10 minutos más tarde hacia la Pedriza. Allí nos juntamos en Canto Cochino con el resto del grupo, que habían subido directamente.
A las 9:00 h partimos desde Canto Cochino el nutrido grupo compuesto por: Rafa García Puig, Juan Carlos Aguilon, Patricia, Manolo Visiers, Jose Eugenio Soriano, Jose del Campo, Elias Rodríguez, Inmaculada Sanz, Alfredo Carlavilla, Reinaldo Vázquez, Jose Antonio Rodríguez, Jorge Dukelski, Gonzalo Fernández Lamana, Mari Carmen Vázquez, Alfonso Simon, Elena Sandoval y su marido, Emilio Rodríguez, Nicole Walper, Antonio De la Fuente, Gloria Fernandez, Alba Extramiana, Magdalena Guio, Elena Madurga, Alfredo Diez, Paz Vizcaino y su perro Kaos, Viky Cadahia, María Franco, Begoña Mata, Rocio Eguiraun, Marisa Ruiz, Jose Luis Agud, Chelo De Dios, Irena Jaroszynska, Jose Vicente Almela, Mariane Delgado, Amparo Florez, Luz, Juan del Hoyo, y el cronista en esta ocasión: Alberto Extramiana.
Tras cruzar los dos puentes de madera y coger un sendero a la izquierda que asciende ligeramente siguiendo el curso del Arroyo de la Majadilla, llegamos en unos 15 minutos de cómodo paseo a la amplia pradera en la que plantamos hace ya tres años una encina en memoria de Jesús.
Una vez allí reunidos, y tras visitar la encina que plantamos en su día, hubo varias intervenciones recordando la figura de Jesús y el legado que nos ha dejado a todos tras haber animado la actividad de senderismo y montañismo durante unos cuantos años, haciendonos partícipes de su gran pasión por la montaña y de su espíritu aventurero.
Por este orden, tomaron la palabra Rafael García (ensalzando el valor del excelente grupo de personas que forman parte de la actividad y el poder sanador de la misma, tanto física como espiritualmente, son muchos los ejemplos en el pasado y tal y como dijo Rafa, estoy seguro de que la actividad del club seguirá siendo de ayuda para muchos en el futuro), Elías Rodriguez (excelente carta de un amigo, manteniendo vivos los recuerdos y la memoria), yo, mi madre Gloria Fernandez y mi hija Alba, que el año pasado nos sorprendió a todos al pedirnos espontáneamente decir unas palabras ella también y que este año ha decidido hacer lo mismo, leyéndonos unas palabras que había escrito el día anterior. Las palabras fueron una vez más un cariñoso y emotivo recuerdo de Jesús y de Mónica, de su legado y de su pasión por la montaña y por la vida, destacando también el hecho de haber mantenido su espíritu en estos años de actividad de senderismo y montañismo, gracias a la coordinación de Rafa y a su implicación, a todos los que le ayudáis, a personas como Juan Carlos, Antonio, Toño, Gonzalo, Jose Antonio y todos los que han guiado excursiones en estos años, Paco con el blog, todos los ponentes de las charlas que se han dado en el Club sobre la actividad, y en general, a todos los participantes en las salidas, cargadas siempre de compañerismo y de buenos momentos compartidos. Sin duda, tanto su memoria como el espíritu con el que animó esta actividad siguen estando muy presentes entre nosotros y eso es francamente reconfortante.
Tras las intervenciones, y tal como hemos hecho estos últimos 3 años en el mismo lugar, todos los presentes entonamos la canción "Agur Jesusen ama", siguiendo la pauta y la letra facilitada por Manolo Visiers, que lideró el coro con su espléndida voz. Fue un recuerdo emotivo y muy bonito.
Tras finalizar el homenaje en la pradera y despedirnos de parte del grupo (al cual aprovecho la ocasión para agradecer enormemente su presencia con nosotros a primera hora de la mañana a pesar de tener compromisos familiares ese día), la mayoría de los presentes iniciamos la marcha hacia el refugio Giner, siguiendo el sendero jalonado de rocas y de maleza y entre multitud de conversaciones entre unos y otros.
Al llegar a las proximidades del refugio, nos animamos todos y decidimos continuar el ascenso hasta llegar hasta el Tolmo, dónde hacemos varias fotos de grupo. Allí una parte del grupo decide volver a Cantocochino y esperar allí a la otra parte, que sube hasta el collado de las dehesillas. Los 7 montañeros que subimos al collado disfrutamos del ascenso y al llegar al collado nos regalamos un avituallamiento y volvemos a sacar las cámaras para inmortalizar el momento. Tras permanecer un rato allí emprendemos el descenso a buen ritmo y casi sin detenernos hasta reunirnos con los demás en Canto Cochino, donde disfrutamos de las cervezas de rigor y del reencuentro entre todos.
 Una vez más ha sido una gran experiencia, en este caso también emotiva, que nos ha permitido disfrutar del buen clima entre todos y reencontrarnos en muchos casos en nuestra querida pedriza en la que tanto hemos disfrutado.
Nos despedimos para regresar a casa, llevándonos el recuerdo de una gran jornada, completa, con momentos y recuerdos entrañables y emotivos, y con una excursión agradable, en un día soleado y en un paraje con unas vistas como siempre espectaculares.
Un abrazo fuerte a aquellos que no habéis podido venir en esta ocasión pero que nos habéis enviado mensajes entrañables a través de los grupos de whatsapp.
Gracias a todos por participar en esta ocasión tan especial y aprovecho para desearos felices fiestas.
Todos habéis contribuido a regar esa semilla que plantó mi padre hace ya unos cuantos años y a convertirla en un tronco fuerte y robusto, en una actividad consolidada y sustentada por un magnifico grupo de personas, de distinta procedencia pero con algo en común, su amor por la montaña y por la naturaleza y las ganas de compartir buenos momentos en buena compañía.
Un año más puedo decir sin ningún género de dudas que mi padre estaría muy satisfecho de ver como ese espíritu sigue vivo en todos nosotros y como se desarrolla la actividad.
Un abrazo
Alberto
Un abrazo fuerte y Feliz Navidad!!!!






10/12/2017 Montañismo y senderismo.  Ascenso al nevero. Cronica José Antonio Rodríguez
Disfrutamos con lo que hacemos, que es andar por los senderos, subir, bajar, saltar quizás una roca, vislumbrar al fin la cima o una cristalina fuente. No quisiéramos para nosotros otro escenario que el bosque, el tapiz de la hojarasca, la roca de caprichosas formas o la silueta de un pico recortada en el horizonte. Sobrevolando libres el buitre y el águila nuestras cabezas, acompañando nuestro andar por los senderos, bajo el mismo techo, la misma lluvia, la misma nieve o el implacable sol del estío. No nos mueve quizás acometer mayores glorias que estas de andar, subir, bajar senderos, que nos bastan y nos sobran. Que en esto de ser felices resultar mejor desprenderse del ornato y asir las cosas simples.  Fieles a nuestra cita, partimos de Navafría, que la tradición nos une a montañeros y a senderistas. Todos uno, uno todos. Queremos ver el Belén descansar, por fin, en la cumbre. Un grupo, no numeroso, enorme, emprende hoy el ascenso. Se entrecorta, a cada paso, el aliento y se vuelve hacia el interior la mente. 
…un paso sólo es un paso
al fin y al cabo victoria
del tesón que empeña el alma
 en asir mayores glorias… 
Transitamos por el empinado sendero, metáfora de la vida, entre la libertad del bosque y la alambrada , cárcel del hombre, incapaz el artificio de separar lo que de natural está unido. Recobramos de cuando en cuando el aliento, que no es menester ni propio de caminantes de oficio perderse lo que vista alcanza, hoy oculto el horizonte por la pertinaz neblina.
                                           …flota en el aire el perfume,
que mis sentidos embriaga
la sencilla flor de cumbre,
qué magnífica apareces
en tu pedestal enorme… 
Alcanzamos ya la cresta que nos llevará al destino, falsos llanos se suceden, antes de pisar la cima. El frío arrecia, lo hace también el viento y nuestro deseo interno de ver el Belén en la cumbre. Ya casi estamos, podemos casi tocarla, aunque la niebla oculta lo que el tesón, al poco, aclara.
…vislumbro entre brumas la cumbre
feliz morada del alma
y del sueño que en la Tierra
persigue el corazón del hombre… 
Ya hemos llegado, no hay duda. Tras las piedras se reúne un nutrido grupo de montaña. Cantan y brindan, un año más a la espalda. Un Belén desde Segovia que ahora en la cumbre descansa y que la dura piedra resguarda. Qué buenas vistas tendrá sobre el valle del Lozoya. Hoy nos oculta la niebla el Embalse de Pinilla, Rascafría, Alameda del Valle y ese corredor de ensueño que riega el río Lozoya.
Brindamos también nosotros, nos obsequiamos con dulces antes de emprender, por fin, el camino de regreso. No está el tiempo para andarse con entretenimientos mayores. Entre la bruma y el canto de algún villancico, equivocamos el norte. Nada grave, os aseguro.  Fácil la vuelta al rumbo. Fácil para quien es guía seguro.
Alcanzamos por fin el parking que nos reunió en la mañana. Un año más lo hemos hecho. Ver el Belén en la cumbre. Senderistas y montañeros. Todos uno, uno todos.
FELIZ NAVIDAD.

José Antonio


3/12/2017 Senderismo. Monte Abantos. Cronica Begoña Mata
Antes de las ocho llegamos al club Mirasierra tres valientes senderistas Gloria, Alfredo y quien escribe esta crónica. Estábamos  bien abrigados y decididos a culminar el Pico de Abantos. La mañana era fría, el cielo azul despejado anunciaba el comienzo de una senda inolvidable.
A las ocho treinta nos reunimos con nuestro amigo y guía Gonzalo , en el lateral del restaurante El Tomillar. Estaba  totalmente equipado y la senda localizada con todo detalle. Tras comprobar que “no faltaba nadie” iniciamos la subida. A unos pasos encontramos una puerta que era el comienzo de la senda que nos fue guiando, con algunas variantes, a conseguir la meta.
Pronto apareció el suelo  cubierto con un manto de nieve y esta imagen, a la que no estamos acostumbrados, nos animó tremendamente. El continuo desnivel nos hizo comprender que la marcha era exigente, que teníamos que asegurarnos muy bien con los bastones y pisar firme para  ir remontando.
El sol radiante nos acompañó en todo momento. Descansamos repetidas veces para reponer energía y disfrutar de impresionantes vistas sobre la comarca de la sierra, destacando El Escorial, Valle de los Caídos  y el Embalse de Valmayor.  Nuestro esfuerzo se vio compensado por el paisaje. 
Seguimos ascendiendo y nos tomamos las viandas en un roquedo soleado.  Desde allí intentábamos divisar el mojón geodésico en la cumbre y nos   empezó a parecer  inalcanzable. Gonzalo y Alfredo nos animaron y convencieron para que continuáramos subiendo a nuestro ritmo y efectivamente,  enseguida pudimos ver nuestro objetivo conseguido. En la foto se pueden  ver nuestras caras de alegría en la  cima.
Iniciamos el descenso  siguiendo una cerca de piedra sin dificultad. Pronto nos encontramos algunos pasos muy exigentes físicamente. Las jaras nos prestaron sus ramas para afianzarnos, a la vez que se quedaron con algunos de nuestros gorros y nos dieron algún tirón de pelo.
Poco a poco nos fuimos acercando al final del recorrido  con la satisfacción de haber realizado toda la senda, gracias a la confianza que nos aportó  Gonzalo, la seguridad de Alfredo  y la resistencia física de Gloria.
Comprobamos que el desnivel acumulado de subida había sido de 728 metros, la distancia recorrida de 8 kilómetros y el tiempo empleado 5 horas.
¡Buena semana, amigos! Nos vemos en la próxima
Begoña

3/12/2017 Montañismo. Pico Pasapan. Cronica Reinaldo
PRECRÓNICA.
El primer domingo de diciembre de dos mil diecisiete quedamos como siempre unos en el club y otros en el destino, esta vez el aparcamiento de la Panera en el Espinar (Segovia). En Madrid se iban a encontrar María, Chelo, Jorge, Emilio y Toño. En El Espinar Francisco, Izabela y yo. Dado que tenían que pasar por la A-6 y tenían sitio pedí que me recogiesen y los de Mirasierra se ofrecieron.
A las siete y media estaban reunidos ante el club los cinco que allí se habían citado, se subieron a dos coches y empezaron los despropósitos, somos caminantes y la coordinación en vehículos de motor no es lo nuestro al menos ese día. Dos coches, uno arrancó hacia la salida de Ventisquero de la Condesa, el otro hacia la de Colmenar Viejo. Esta querencia por la por la M-607 se da en todos los que viven en Mirasierra, creen que no hay otra carretera. Fue el primer despiste, reunidos, no sé quien cedió, enfilaron por la M-40 hacia la A-6, donde les esperaba en la primera parada de autobús. Estaba en mangas de camisa porque la temperatura era agradable, pero después del plantón, por estar quieto, empezaba a tener frío. El puente de peatones estaba sembrado de sal gruesa, los servicios de carreteras debían esperar heladas para esa noche, la temperatura allí, todavía en Madrid sería de cero grados, ni frío ni calor.
Segundo despiste, Toño se adelanta a Emilio, que sabía el punto de recogida, y María que actúa de copiloto desde el asiento de atrás dirige a la comitiva hacia mi casa. Desde la carretera veo como se desvían antes de llegar. Emilio advierte el error, se detienen, me llaman y subo en el coche de los chicos, con Emilio y Jorge. Conseguimos salir a la carretera y ya en la autopista todo parece despejado.
Tercer despiste. Ahora va Emilio en cabeza, hombre respetuoso de las leyes, no comprende como nos adelantan a la altura del Pinar de las Rozas, si está prohibido superar los 90 km/h y el va a noventa. Yo comprendo porque se casó con una alemana, lo del verboten lo entienden mejor que el prohibido o vedado nosotros. Al llegar a la desviación del Valle de los Caídos la cogemos y pregunto desde el asiento posterior si no íbamos al túnel. La respuesta es positiva, pero estamos siguiendo a Toño que se ha desviado. El problema es que el todoterreno negro al que seguimos es un Nisam. Tuvimos suerte de darnos cuenta en poco tiempo y volvimos al buen camino. Las ventajas del teléfono ellos habían salido del túnel y nosotros subíamos hacia él. Nos esperarían en la salida 60.
Cuarto despiste. Llegamos a la salida 60 y allí no hay nadie, vemos un cartel a la izquierda que indica la estación de El Espinar, recuerdo que el camino de la Garganta del Moros sale cerca de la estación y hacia allí nos dirigimos esperando encontrarnos en algún punto. A los dos kilómetros las señales se mantienen, pero ni rastro del otro coche. Están en la salida. Les decimos que hemos aparcado y que esperamos. Seguimos esperando. Han llegado a la estación y no nos han visto. Habían girado a la derecha. No sólo Roma tiene el privilegio de que todos los caminos llevan a ella.
Quinto contratiempo. No conseguimos llegar a la estación la vemos, pero del otro lado de las vías, como estamos en el Camino de la Garganta, proponemos quedar en la Panera. Vamos delante, menos mal, Emilio al ver el hielo en la carretera y cada vez más nieve fuera de ella, duda, con acierto, si seguir. Nos alcanzan y decidimos apretarnos y seguir en el todoterreno. Jorge y yo nos bajamos para dirigir las maniobras de aparcamiento y nos cuesta mantener el equilibrio, la carretera está resbaladiza. Toño propone cambiar el destino, pero no se puede avisar a Fancisco e Izabela que están fuera de cobertura y se supone que nos esperan en al final de la carretera.
Todos en el coche de Toño seguimos y encontramos en el camino a nuestros dos compañeros que bajaban andando Nos reunimos donde termina el bucle que hace la carretera y empezamos a caminar. Lo hacemos unos quinientos metros hacia la garganta. A nuestra derecha un puente que lleva hacia el puerto del León y la peña del Arcipreste, poco más y un cortafuegos a la izquierda, recto y con una pendiente moderada para lo que suelen ser estas vías. Subimos. La nieve cubre todo. La capa es pequeña unos diez centímetros. El caminar agradable, no nos hundimos, no hay hielo, nadie ha pisado antes que nosotros. Las acículas retienen gran cantidad de nieve. Todo lo que se ve es blanco. No hace frío. El cielo está despejado. Compensa todos los despistes. Las señales blancas y rojas no se ven, tal vez escondidas por la nevada.
Nos dirigimos hacia Pasapán, por un camino amplio. Cerca del collado vimos un hito de piedras y una senda, aunque no nos acompañaban ni Juan Carlos ni Antonio, como la cabra tira el monte, decidimos atrochar y cogimos el atajo que se nos ofrecía, por él llegamos al collado.
En descubierto el viento se notaba frío y desagradable. Al norte Segovia, su capital, el palacio de Riofrío, Ortigosa; al sur el valle del río Moros, el de siempre, pero distinto. Siempre lo vemos desde la Fuenfría, desde el sur, ahora contemplábamos la peña el Águila, el Montón de Trigo desde otro ángulo. Las dos vistas merecían la pena.
Decidimos no continuar por el tiempo perdido en el viaje. Bajamos esta vez siguiendo el camino. En un recodo protegido paramos a tomar plátanos y frutos secos. Vimos como las cumbres con gran rapidez se revestían de nubes y quedaban ocultas. Habíamos hecho bien en no completar la ascensión.
La bajada no tuvo problema. Un todoterreno con personal laboral nos adelantó. Un corredor iniciaba la subida cuando nosotros terminábamos, ese fue todo el contacto humano.
A diferencia de la Pedriza donde cada metro es peculiar, aquí fue un paseo por el monte, ascensión de siete kilómetros y descenso casi por el mismo sitio. Son bellezas distintas. Ésta de espacios amplios, abiertos, tuvimos la suerte de tenerla para nosotros solos. La marcha fue rápida. La subida adecuada para no cansarse y también para sentirla todo el rato. Más suave que la que nos espera en el Nevero, aunque bastante más larga. Volvió a merecer la pena. Un abrazo a todos, especialmente a los asiduos que habéis faltado, al convaleciente Antonio, de los ocho que nos reunimos para una semana más volver a abrir la bandera en una cima.
P.D. María nos contó las aventuras de su periplo nepalí y dejo abierta la posibilidad de provocarnos envidia con una charla en Mirasierra.

26/11/2017 Montañeros. La Pedriza.  Crónica Izabela Berlinska
Los siete reunidos en el parking de Canto Cochino (Chelo, Rosa, Izabela, Emilio, Paco, Toño, Reinaldo), hemos decido aplazar el itinerario previsto originalmente al Pajaro hasta la reincorporación de su autor y guía-experto Antonio,  a quien deseamos una rápida recuperación.
Toño ha propuesto una ruta de improvisación que en realidad se ha convertido en una hermosa ruta de los miradores. Desde el Canto Cochino por el PR2 (la autopista) hemos ido hasta el cruce de Cuatro Caminos, con una pequeña desviación para ver la Calavera, digna de cualquiera fiesta de Halloween.
En el cruce de Cuatro Caminos hemos girado en la dirección del Puente do los Pollos, donde hemos hecho fotos bajo del arco, por si alguien quiere una prueba. Una vez recobradas las fuerzas con jengibre, dátiles, arándanos, higos y caramelos polacos, retomamos el camino que nos llevó al Collado Cabrón pasando por varios miradores que nos permitieron disfrutar de unas hermosas vistas del circo de la Pedriza. Finalmente, hemos bajado por el PRC-1 hacia el Canto Cochino pasando por el Cancho de los Muertos.  ¡Gracias Toño por señalarnos los sitios simbólicos de la Pedriza!
Izabela



19/11/2017 Senderismo. Cabeza Lijar. Cronica Alfredo Diaz
Pocas cosas pueden ser preferibles en un domingo por la mañana que salir a andar por el campo. Nunca se arrepiente uno de haberse animado a practicar senderismo, a pesar del madrugón. Bueno, pues si además el tiempo es espléndido y los compañeros de aventura son perfectos, el resultado es tan bueno que durante la tarde le vienen a uno a la cabeza los ratos pasado por la mañana. Y ese ha sido el conjunto de circunstancias que han coincidido en la marcha que ahora se comenta.
Con la puntualidad habitual nos hemos encontrado los senderistas en la puerta del club a las 8 y luego el en Alto del León a las 9. El recorrido empieza a 1508 metros por una carretera, pero ese tramo dura muy poco y enseguida nos adentramos en un camino (GR 10) por el bosque, con algo de cuesta, pero muy suave: ideal para ir calentando.
A partir de una media hora de recorrido el camino se vuelve un sendero con grandes piedras y una pendiente notable que exige algo de esfuerzo y hace la marcha mucho más excitante. No hay posibilidad de pérdida, nos orienta una valla de piedra que vamos dejando a la izquierda y que casi al final cruzamos. Las vistas son un punto fuerte del recorrido y como la visibilidad era máxima, pudimos disfrutar de las explicaciones de Rafa, Gonzalo y Enrique, que identificaban sin dificultad los distintos picos. También era interesante observar las formas casi geométricas de algunas rocas.
Rocío había preparado magníficamente la salida y nos fue indicando los mejores lugares para parar y beber agua y también para que Ricardo hiciese algunas fotos. Alcanzamos sin dificultad la cima de la Cabeza de Lijar (1823 metros) con su mirador – refugio y después de reponer fuerzas en una cómoda pradera con piedras planas como mesas y excelente paisaje enfrente de La Salamanca, iniciamos el descenso.
En un cierto enclave el grupo dividió según preferencias: uno por el bosque, por un sendero y otros por la carretera forestal. 
Al final todos nos reunimos en el Alto y disfrutamos de las merecidas cervezas a las que nos invitó Enrique.
Los participantes han sido: Rocío, Rafa, José Vicente, Mariane, Elena, María, Joaquín, Esperanza, Marisa, Ricardo, Enrique, Nieves, Gonzalo y el cronista, Alfredo


19/11/2017 Montañismo. Ruta circular al Mondalindo. Crónicas Jesus Matamala

Puntuales a la cita, 7:30, acudimos al Club Mirasierra: Sandra, Rosa, Teresa, Reinaldo, Emilio, Elías y quien subscribe esta crónica. Junto al  campo de fútbol de Bustarviejo esperaban Jorge, Juan Carlos, José Antonio y Gloria; once en total, dispuestos a disfrutar de un día magnífico  en la montaña.
Ya habían transcurridos algunos minutos de las 8:30 cuando iniciamos nuestra andadura hacia el Collado Abierto, primera dificultad de la jornada, con una temperatura de 6º ó 7º, ideal para la subida y cielos despejados como viene siendo habitual en este atípico verano-otoño que persistentemente nos acompaña. Pasados los pinos del inicio, el sendero transcurre por una empinada loma con una variada vegetación de monte bajo, con piornos, jaras, enebro rastrero, cantueso, etc. A nuestro lado izquierdo quedaba un valle donde son visibles los restos de una torre de las Minas de Plata, hoy abandonadas, que se explotaron en los siglos XVII y XVIII. Llegados al susodicho collado, Jorge decide dejarnos. Poco antes había notado que caminaba ligero de equipaje. Ante la duda de si su mochila, olvidada en el aparcamiento, quedó dentro o fuera de su automóvil, decidió dar la vuelta. Felizmente estaba dentro.
Ya en la cuerda, con el Mondalindo a la vista, la marcha se hizo más amena y relajada. A nuestro lado derecho quedaba La Albardilla. Las vistas según íbamos acercándonos a la cumbre eran espectaculares y la panorámica del horizonte (360º) se agrandaba. Por la izquierda el Valle de Lozoya y Montes Carpetanos, por la derecha al fondo sobresalían las Cuatro Torres por encima de la “boina” contaminante  de la capital. Detrás la Najarra, las Cabezas, Peñalara, etc. Delante el Pico del Lobo, Tres Provincias, embalse del Atazar, etc. Un verdadero deleite para nuestros ojos. Dos horas habían transcurrido, alguien comentó, desde el comienzo hasta que llegamos al monte de Don Galindo (1833metros). Según se relata en el libro de la Montería de Alfonso XI, allá por el siglo XIV: “buen monte de puerco en tiempo de la nieve” .Tomadas las fotos de rigor y hecho el saludo “berg heil” decidimos reponer fuerzas dando cuenta de nuestras vituallas. A esta hora la temperatura era muy agradable en tan elevado y apacible lugar. A las bellas vistas se sumaban la quietud y sosiego, alterados por el fugaz paso de dos “corremontañas”; ambos fueron las únicas personas con las que nos cruzamos en nuestro recorrido.
Iniciamos el descenso hacia el Este, pero muy pronto un sendero nos llevaría hacia el Sur llegando a un mirador berroqueño desde cuya atalaya  teníamos  el pueblo de Bustarviejo a 400 metros bajo nuestros pies. Dicho  sendero fue girando hacia el Oeste, pasando por la Fuente del Agua Fría.  Zigzagueando íbamos perdiendo altura, y ya pensábamos, los que desconocíamos esta senda, que lo más duro de la marcha había pasado puesto que estábamos muy cerca de las casas del pueblo. Un giro inesperado hacia la derecha con una pronunciada subida nos llevó  a los pinos donde cinco horas antes habíamos iniciado la ruta. Eran las 13:30 pasadas cuando alcanzamos el aparcamiento. Tras los ejercicios de estiramientos, vuelta a la ciudad. Desnivel acumulado 600m. Y algo más de 12 km. de recorrido.
Relajados y con buenas vibraciones para afrontar con fuerzas una nueva semana después de haber disfrutado de un día espléndido.
Cordiales saludos. 
Jesús Matamala